Sogamoso, lamentamos decirlo, ha dado una muestra de que su gente carece de cultura ciudadana y que el afecto por la ciudad no existe.
Los jóvenes, hinchados de felicidad por el triunfo de la Selección en el Mundial de Brasil, se lanzaron a las calles a festejar. Pero no como gente civilizada, sino como cavernícolas ansiosos de destruir y dañar.
Son unos cabezas huecas. Incapaces de expresar creativamente su pasión, de festejar un triunfo sin dañar al otro, que también festeja.
La imbecilidad que campeó por la ciudad el pasado jueves, llevó a la administración municipal a decretar el toque de queda y la ley seca. Medidas mínimas en un pueblo grande que se ha hecho inmanejable.
Pero más allá del hecho vandálico y las medidas desesperadas, cabe preguntar ¿qué pasó con la educación?, ¿dónde estaban los padres?, ¿por qué se sigue vendiendo alcohol a menores?
Poco ha de cambiar en esta ciudad y lejos queda el propósito de progreso si el recurso humano demuestra poco intelecto.
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