Este despilfarro representa entre un tercio y una cuarta parte de los 4.000 millones de toneladas de comida que se producen anualmente en el planeta, según destaca un informe del Banco Mundial (BM). José Antonio Cuesta, autor del estudio, explica que “los únicos datos fiables que tenemos son de EE UU y Reino Unido, donde el desperdicio ha crecido en los últimos años”. Cuesta añade que no se pueden tomar estos países como referencia, “ya que tienen unas características socioeconómicas muy concretas que no son extrapolables a buena parte del mundo, pero sí muestran que queda mucho por hacer”.
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El primer método que señala el informe es el refrigerador de vapor, utilizado en Tanzania o India, evita que la temperatura de la comida dependa de la electricidad al emplear el vapor generado por los propios alimentos cuando les da el sol para mantener su temperatura. Las cajas rígidas similares a las que usan las fruterías suponen la diferencia entre perder cientos de kilos de alimentos por golpes y aplastamientos o aprovecharlos. En Afganistán, por ejemplo, se están sustituyendo las bolsas tradicionales por estos recipientes para los tomates. Al medir en peso, la fruta es el tipo de alimento que más se desperdicia en el mundo. Supone un 44% de las alrededor de 1.300 millones de toneladas de comida que se despilfarran anualmente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Otras soluciones que el informe señala son las bolsas de plástico selladas herméticamente, que en Nigeria están empezando a emplearse contra plagas devoradoras de semillas. Los silos de metal, por su parte, pueden ser usados por familias y comunidades para conservar mejor la comida y evitar mermas en el proceso, como es el caso de Kenia. En el ecuador del decálogo están las soluciones de las infraestructuras: mejorar las carreteras, las líneas eléctricas y los sistemas de transporte de los países en desarrollo ayuda a aprovechar mejor los alimentos.
El ahorro en los países occidentales, según el Banco Mundial, comienza con la reducción de las ofertas y las clásicas promociones que inducen al desperdicio, ya que el consumidor compra más de lo que necesita y a menudo acaba tirándolo. La eliminación de los contratos de mínimos es otra de las soluciones que se proponen. Los agricultores, a través de un acuerdo de una cantidad mínima de kilos con los supermercados, producen más de lo debido para prevenir contratiempos, y al final sobran alimentos.
Permitir a los restaurantes donar alimentos y evitar las compras compulsivas a través de la planificación de las compras y la concienciación del consumidor son otros métodos. Por último, el Banco Mundial apuesta por el reciclaje en la cocina, que se está perdiendo por el cambio de hábitos. “Se pasa menos tiempo en la cocina porque la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo y eso es algo que no queremos cambiar.
También se desperdicia más porque los alimentos son baratos y a muchas personas no les merece la pena andar reciclando”, señala sobre punto Alicia Langreo, directora de la sociedad de estudios Saborá, especializada en sistema alimentario. La experta añade que la concienciación y una mayor cultura sobre la comida como posibles soluciones al despilfarro. "Lo que está claro es que algo estamos haciendo mal cuando un tercio de la población tiene sobrepeso o pasa hambre", sentencia.
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*Periodista
Twitter: @Pablolinde
Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

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