Los cancilleres de Unasur realizaron en Venezuela labores tendientes a lograr un diálogo entre la oposición y el gobierno, sin embargo el gesto se ve como un apoyo al régimen dictatorial que viola los derechos humanos de los venezolanos.
Los esfuerzos de Unasur, donde Colombia hace presencia, han logrado que el régimen diga sí a casi todo, desde verificaciones y diálogos, hasta comisiones de investigación de las violaciones de derechos humanos.
Pura palabrería de un régimen acostumbrado a pagar con petróleo los favores de quienes le son favorables y que callan ante el oprobio que sufre el pueblo venezolano.
Colombia, en cabeza de Juan Manuel Santos, es uno de esos gobiernos cobardes que miran hacia otro lado. Nuestro país no se beneficia económicamente de Venezuela, pero el gobierno Santos ha sido amigo del castro-chavismo con tal de avanzar en negociaciones con el cartel narcotraficante de las Farc.
En esa perspectiva es muy poco probable que el actual gobierno colombiano tome una verdadera posición democrática y en defensa de los derechos humanos de los venezolanos.
Produce vergüenza que Colombia, en medio de ese grupo inútil llamado Unasur, le sirva un salvavidas a un régimen moribundo que no merece ningún tipo de ayuda. Quien merece ayuda es el pueblo venezolano, víctima de una violencia extrema, de desabastecimiento, de una economía en franco deterioro y que día a día se acerca más al hambre.
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