Opinión | La agricultura moderna en Colombia, sin sentido de pertenencia, ni  políticas estructurales, ni función social

Opinión | La agricultura moderna en Colombia, sin sentido de pertenencia, ni políticas estructurales, ni función social

Darío Álvarez Morantes* | Cuando hablamos de agricultura moderna, en muchos de los casos, se pierde el sentido de pertenencia y la función social, por la influencia de las multinacionales que intervienen en  las labores agropecuarias, publicitan un patrón de desempeño y con su extralimitado poder buscan condicionar a los productores en todos los eslabones de las cadenas productivas, imponiendo sus condiciones cada vez más radicales.

Hablando tan solo del componente semillas: Monsanto, Dupont y Syngenta, (Novartis + Astra Zeneca), Bayer (Aventis) y Dow, entre las más importantes, sostienen  que los materiales transgénicos son la solución para el hambre, el almacenamiento de carbono, los efectos del cambio climático, la resistencia a plagas, a herbicidas y problemas de suelos; más sin embargo los resultados de las últimas dos décadas son muy relativos.

Las opiniones expresadas son de responsabilidad exclusiva del autor
y no comprometen a Excelsio.
Los alimentos transgénicos o genéticamente modificados, son aquellos a los que se les ha introducido uno o más genes, de una o más especies, por métodos que no ocurren en la naturaleza, con el objeto de que se expresen las características deseadas.

Pero no son ni serán productos milagrosos que puedan desvirtuar los procesos naturales para la  producción de comida y no pueden llegar a cambiar los fundamentos de la vida, como lo presentan esas empresas con fines puramente comerciales.

La población que aguanta hambre en el mundo sigue creciendo,  ya se acerca a los mil millones de personas y no será a base del poder empresarial de los agro negocios  transnacionales,  con productos de resultados ilusorios y con serios cuestionamientos para la salud, los que nos van a resolver el problema de desnutrición en el mundo; el 97% de la agricultura global aún está libre de transgénicos y el compromiso es no dejar sin control esta controvertida alternativa de producir alimentos, promocionada con mensajes de ventajas y promesas de un mundo virtual, pero sin una verdadera evidencia científica que garanticen la inocuidad y la no afectación a la salud humana, ni a nuestro medio ambiente.

Según Silvia Ribeiro “la realidad de los transgénicos nos muestra que no cumplen con ninguna de estas promesas. Por el contrario, producen a mayor costo, usan más químicos, generan nuevos problemas ambientales y de salud, crean más desempleo y marginación, concentran la propiedad de la tierra, contaminan cultivos esenciales de las economías y las culturas, como pasa con el maíz, aumentan la dependencia económica y son un atentado a la soberanía a tal punto que:

1.- La ingeniería genética se basa más en incertidumbres que en realidades y sigue avanzando con un dogma equivocado pero contaminando nuestra integridad física, nuestras medicinas y nuestra biodiversidad circundante. La tecnología de la ingeniería genética tiene tantas incertidumbres y efectos colaterales impredecibles, que no podría llamarse ingeniería, ni tecnología. Es como construir un puente tirando bloques de una orilla a la otra, esperando que caigan en el lugar correcto

2.- Los impactos ambientales son lógicos por la difusión de polen contaminante de los cultivos transgénicos, afectando de diferente forma a las demás plantas, al hombre, los animales y al entorno.

3.-Actualmente se producen el equivalente a 3,500 calorías diarias por habitante del planeta: cerca de 2 kilos diarios de alimentos por persona, lo suficiente para hacernos a todos obesos.

4.- El hambre en el mundo no es un problema tecnológico. Es un problema de injusticia social y desequilibrio en la distribución de los alimentos y la tierra para sembrarlos. Los transgénicos aumentan estos problemas.

5.- La estrategia es acabar las semillas tradicionales y naturalmente obtenidas, para imponer los transgénicos como única opción a pesar de que cuestan mucho más, los rendimientos no siempre son extraordinarios, descompensan el poco equilibrio existente  entre organismos y microorganismos benéficos y dañinos, realidad que manejan favorablemente las multinacionales, porque son  también las mayores vendedoras de agro tóxicos.

6.- son un ataque a la soberanía, privatizan la vida patentándolo todo

7.- Proyectan la producción de cultivos tóxicos a conveniencia.

8.- Propician la expansión de los monocultivos y similar a la revolución verde, los impactos técnicos, económicos, sociales y ambientales son graves.

9.- Son un ataque a la cultura y las tradiciones de los pueblos; así como vamos en el futuro las multinacionales se pueden apropiar hasta de nuestras costumbres culinarias con las recetas del maíz por ejemplo, obligándonos a pagar lo que quieran, por el uso de las semillas del precioso grano.

Debemos y podemos seguir usando semillas de cultivares (híbridos o variedades) que aprovechan la variabilidad genética natural de la especie, disponible como diversidad biológica en la naturaleza.

El mejoramiento genético convencional brinda esta oportunidad y no la hemos aprovechado en forma sostenible, antes de incurrir en más riesgos. El resultado de este proceso de mejora, es lo que se conoce como variedades mejoradas (obtenidas por diversas técnicas de selección) o híbridos convencionales (obtenidos por cruzamientos dentro de la misma especie).

No ha habido a la fecha, un avance mayor en la producción mundial de granos y comida que el aprovechamiento del vigor híbrido para aumentar el rendimiento de los cultivos o de los animales. Lo que hoy se nos vende por transgénicos son aspectos complementarios (tolerancia a un herbicida o a plagas) que pretenden opacar el factor principal del rendimiento y sanidad de las cosechas, de la comida,  interés primordial de nuestro agricultor. Pero, no defendemos nuestro quehacer, ni siquiera nuestras semillas.

Según el Génesis, todo era bueno hasta que se manifestó la desobediencia, al ingerir el fruto del árbol prohibido, ¡que como los transgénicos! en nuestra modernidad prometía el conocimiento del  bien y del mal, promocionado por el demonio, hoy camuflado en empresas multilaterales, lo que ocasionó el destierro de Adán, Eva y sus descendientes, ¡todavía en su mayoría agricultores!,  condenados a subsistir labrando sus escazas tierras y sumidos en el total abandono , política que en Colombia inició el gobierno Uribe, con relativa facilidad, porque no tuvimos el criterio, la gallardía,  el patriotismo ni la capacidad para defender nuestro trabajo, nuestra soberanía y nuestros productos. De modo que se repite la historia y para terminar,  este artículo, la noticia de que en la Alianza del Pacífico se acaba de entregar el AGRO, regalando  nuestro mercado sin el menor remordimiento  a  tal punto que es muy probable que  terminamos con la incidencia del cartel de Sinaloa en la economía agraria del país.

¿Ahora qué podemos hacer? ¡Paros no! porque les meten represión y política, Votar sí, pero con libertad de opinión y pactos de compromiso con el agro, y no rechazar el cambio,  pues como dijo un agricultor vecino las esperanzas son lo último que se pierde y nos toca seguir trabajando para dar de comer a nuestra gente; es posible que eso de la ingeniería genética algún día sirva para crear individuos más perfectos y eficientes, tolerantes y decentes; quien quita que resulte un gen contra la politiquería y la corrupción y todo se arregle.

Pero todos los cambios deben tener una  participación y aceptación de las comunidades, de modo que es urgente sentirnos parte de nuestra agricultura, de nuestra gente campesina y de nuestros recursos naturales y del medio ambiente, si queremos reconstruir y cultivar una vida digna para nuestros hijos y las generaciones futuras, con identidad, pertinencia y sentido social.

Según la propia Comisión Europea, “el proceso de creación de organismos modificados genéticamente está rodeado de incertidumbres, que pueden dar lugar a multitud de efectos imprevistos”
“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento” Hipocrates
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*Presidente de Conagro

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