El Gobierno Nacional se ha mantenido en silencio ante los recientes crímenes cometidos por los narcoterroristas de las Farc.
En Leyva, Nariño los criminales asesinaron a dos policías, que estaban de civil en su día de descanso. En Tarazá, Antioquia, los asesinos dieron muerte a cinco uniformados que realizaban tareas de erradicación manual de cultivos del narcotráfico.
El hecho de que se negocie en medio del conflicto implica que este tipo de hechos sean inevitables, pero no se puede aceptar el silencio del Gobierno. No sólo se contentan con generar ruido en las filas de las Fuerzas Militares con la remoción de la cúpula de las mismas. Además no dicen nada ante los crímenes contra los uniformados.
El Gobierno Santos, en su afán reeleccionista aplica la política de “tapar” todo lo que le pueda restar votos en un momento crucial de la campaña al congreso.
Mucho ruido mediático y pocas preguntas resueltas es lo que estamos viendo. No hay que olvidar que el silencio calculado, hace cómplice a quien calla.
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