Una vez adentro, escucho, sin querer, la conversación de dos señores mayores. Uno de ellos con voz extremadamente grave, le dice a su amigo, mientras se disponían a pagar unos artículos: ¿Viste lo que es ese Pibe Quintana? El colombiano que está tragándose las rutas de San Luis. Lo que evidentemente llamó mi atención. Luego de unos segundos, el otro caballero le respondió: Es una maquina; no tenés idea de lo grande que va a ser ese pibe.
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La Argentina, es un país donde se respira futbol todo el tiempo. Hace un año que estoy radicado en Buenos Aires y jamás he conocido a un porteño que conozca mucho de ciclismo, lo que hizo que esa conversación simple de la pareja de señores, me motivara a escribir estas líneas.
El tour de San Luis, es la competencia de ruta más importante del país que llenó de gloria algún día Diego Armando Maradona. En 7 etapas, en este año 2014, 25 equipos dieron la largada el 20 de enero, quienes deberán recorrer sobre los “caballitos de acero” más de mil kilómetros.
Entre los competidores, está un joven tímido, que se le nota su vergüenza frente a las cámaras, pero con el significado de la palabra humildad grabada en su alma. Nairo Alexander Quintana Rojas, el ciclista del equipo español Movistar, nació en el departamento cuna de la libertad y orgullo de América, en febrero del año 1990.
Aunque su madre lo trajo al mundo en la capital del departamento, es uno de esos campesinos de “pura cepa” que a muchos les molestan cuando entran a algún lugar de elite, con sus ruanas y sombreros, pero que a mí me hacen darle sentido a la palabra NOBLEZA. Ese “pibe” que dio sus primeros pedalazos por necesidad, más que por gusto entre la vereda La Concepción del Vecino del municipio de Combita y Arcabuco, para poder llegar puntualmente a su escuela, es hoy por hoy la revelación mundial del ciclismo. Su piel morena, ha comido más kilómetros en bicicleta que el total de días que tiene de vida.
Hace sonar el himno nacional en todos los lugares del mundo, donde compite este “animal”, y trepado en la bicicleta deja a un lado su timidez y escala como un auténtico escarabajo los más importantes caminos, en el mundo del ciclismo. En el 2013, "les rompió" las piernas a sus rivales subiendo los pirineos, lo que a la postre lo catapultó al reconocimiento mundial, tras ser subcampeón de la carrera ciclística más importante del mundo: Le tour de France, donde obtuvo además, el título al mejor joven de la competencia y como era inevitablemente se adjudicó la clasificación de montaña.
Estamos a horas nada más, de ver otra proeza del actual campeón de Vuelta al País Vasco y de la Vuelta a Burgos. Con el “sumercé” en la boca, es el centro de todos los micrófonos y flashes. Es el virtual campeón de la competencia que se desarrolla actualmente en suelo Sanluiseño.
Seguramente, un par de mujeres posaran sus labios sobre las mejillas del campesino en lo más alto del podio, pero él no pierde su timidez ni su sonrisa inocente. Este héroe moderno de nuestro departamento, merece hace algún tiempo, que le demos la importancia que en realidad tiene y que se convierta (aún mas), en el ejemplo de miles de niños en Colombia y especialmente en Boyacá.
Lamentablemente, Tunja, Sogamoso, Duitama y el resto de municipios, juntan sus manos para aplaudir por estos días a “honorables” políticos, quienes están en una carrera brutal (falsa, no como las de Nairo), buscando llegar a ocupar una curul en el Capitolio Nacional.
Los titulares de las noticias referentes a Boyacá, cuentan la probable guerra que se desate en el occidente del departamento, tras la muerte del hijo del esmeraldero Pedro Nel Rincón, conocido también como “Pedro Orejas”, una persona que está en prisión por sus posibles vínculos con grupos ilegales, pero que probablemente sea más conocido en nuestro suelo, que el humilde campesino que hace que en cualquier lugar del mundo, la gente quiera conocer el departamento donde nació este ídolo.
Un boyacense que nos llene de orgullo, debe ser como este y no como aquellos que desangran el departamento y manchan su nombre alrededor del país y del mundo; pero claro, Nairo nunca tendrá un monumento en su honor, mientras que en algunos municipios del departamento podemos ver placas conmemorativas, agradeciendo la labor de algunos de los más corruptos políticos, pero del joven Quintana, nada hasta el momento.
Estimado Nairo, me siento orgulloso de usted, espero que algún día pueda leer esto. Como dirían sus compañeros de equipo y jefes: ¡ENHORABUENA NAIRO!

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