Por: César Rodríguez Granados | Increíble, en menos de kilómetro y medio de carretera una decena de resaltos o reductores de velocidad de 15 y 20 centímetros de altura, construidos con cuanta piedra y tierra acarrean los vecinos de lado y lado de la vía, a su gusto, hacen intransitable el trayecto que parte de Sogamoso hacia los municipios de Tópaga, Monguí, Mongua, Corrales, Busbanzá y Floresta, de un gran atractivo turístico en esta época decembrina por la iluminación navideña con que tratan de competir con la del pionero de la zona: Corrales.
Muchos de los automovilistas, después de intentar sortear los tres primeros promontorios, desisten del viaje para evitar mayores daños a la suspensión y al sistema de dirección de los automóviles.
Por la actitud desafiante de algunos vecinos autores de semejante atropello, en esta vía pública en el trayecto comprendido entre las instalaciones de la Institución Técnica Gustavo Jiménez y el paso a nivel vecino de la cementera ARGOS, en jurisdicción de Sogamoso, todo indica que la abulia de las autoridades municipales y de la Policía de Carreteras, se hace digna de una investigación de la Procuraduría o cuando menos del Personero Municipal de Sogamoso.
Que la acción no se haga exhaustiva sino de decisiones rápidas que conjuren este daño irreparable a las millonarias inversiones en iluminación y desfiles artísticos programados por los municipios de Corrales, Monguí y Tópaga con una carretera que a partir de la fábrica cementera se puede transitar de manera cómoda gracias a las reparaciones de que ha sido objeto, en sitios que en el 2012 eran casi intransitables. Corrales en el 2013, luce esplendoroso.
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