EDITORIAL | Pacto por el agro sin campesinos

El Presidente de la República firmó los decretos con los que busca generar una mejora a las condiciones del campo. Sin embargo, no se rodeó de campesinos, sino de gremios y burócratas.

El mandatario anunció las medidas para lo que llamó “la refundación del campo”. Sin embargo la ausencia de los representantes del campesinado demuestra que estas iniciativas sólo son movidas políticas.

El desmonte a los aranceles no ha de tener un efecto inmediato y habrá que esperar a ver si no son los intermediarios los únicos beneficiados con este anuncio.

En lo referente a la libertad vigilada al control de precios de los insumos agrícolas y una comisión de vigilancia, se puede prever que los precios no han de bajar y que los amaños de los productores de insumos halarán los precios hacia el techo. (No olvidar lo que pasa con el cemento)

También anunció Santos la creación de un viceministerio de desarrollo rural, es decir más burocracia que no necesariamente signifique una mejora.

En el apartado de los lactosueros y su importación, pareciera ser algo ideal. Sin embargo nada se dice del combate a las mafias del contrabando que son las que más dañan a los productores del campo con su competencia desleal.

Santos anunció muy orondo la venta de miles de toneladas de productos colombianos a Venezuela, un país que en el pasado reciente ha demostrado que no es confiable en los pagos. ¿Para qué entregarle pan a una dictadura si no lo ha de pagar?

En otra falta a la palabra dada, Santos decidió mover los recursos del 4 por mil hacia el campo, sin cumplir la promesa del desmonte de este impuesto. Los campesinos también lo pagan.

¿Cuál es el modelo de desarrollo para el campo y los agricultores? El tal pacto por el agro no parece ser más que una colcha de retazos, hecha para apagar con babas un incendio que no para de crecer.

Se entiende con claridad la ausencia de la ruana.

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