Justo cuando el país está viviendo uno de sus peores momentos de caos en la última década, el Presidente le da la espada y sólo piensa en cómo integrar a los narco terroristas de las Farc en la vida pública.
La situación generada por el paro agrícola en todo el país y especialmente en Boyacá, sólo puede ser calificada como caótica. Pero eso parece importarle más bien poco a Juan Manuel Santos, quien apenas logra pensar en un referendo aprobatorio de lo que se negocia en La Habana.
Santos quiere consultar al pueblo acerca de lo que se negocia con los criminales de lesa humanidad de las Farc. Contenido que apenas se conocerá cuando se vaya a votar, así que los colombianos votaremos una consulta de la que desconocemos su trasfondo.
Esto pasa en la Casa de Nariño, donde parecen estar viendo otro país. Allá se acomoda la política nacional, de acuerdo con las conveniencias y aspiraciones de quienes ostentan el poder.
Lo que parece es que en Bogotá sólo se piensa en intereses personalistas y poco en el interés general de los colombianos. En nuestro departamento escasea el combustible, los alimentos no llegan a los centros de acopio y se desperdician en las carreteras, los disturbios se toman a las ciudades y se caldea el pueblo.
Apenas enviando un par de Ministros, el Gobierno Santos espera conjurar el problema del campesinado boyacense. Negocia y avanza en La Habana, duda y no llega a acuerdos en Tunja.
El Gobierno insiste en la importancia de la Paz, pero ignora al pueblo y sus necesidades. Mientras no haya igualdad y el campesino no pueda producir en condiciones de igualdad, poca será la paz que se obtenga.
El campesino si le amenaza su subsistencia, no estará en paz y se opondrá a quien lo subyuga.
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