El Presidente Juan Manuel santos salió con el cuentito de que la justicia no puede obstaculizar la paz. Sin embargo lo que debería pensar es que sólo con justicia se puede garantizar la paz.
No es posible que el mandatario, hambriento de gloria, esté dispuesto a permitir la impunidad a criminales de lesa humanidad con tal de firmar una paz incompleta.
Es una falta de respeto, que quien debería ser el primer defensor de las víctimas se atreva a proponer el sacrificio de la justicia en nombre de sus intereses personales.
Santos, que ya empezó su campaña de reelección, pretende incumplir nuevamente su palabra. Esta vez sobre los tiempos del proceso y en ese sentido amarrarlo a su segundo periodo.
La declaración del Presidente fue hecha durante la posesión de Álvaro Namén Vargas como Magistrado de la Sala de Consulta y Servicio Civil del Consejo de Estado. Santos afirmó que como sociedad tenemos que definir dónde se traza la línea entre justicia y paz. ”Lo que sí es claro es que la justicia no puede ser obstáculo para la paz”.
Esta declaración debería generar indignación no sólo entre las víctimas y sus familias, sino entre la sociedad colombiana en su totalidad, que no debe aceptar a un mandatario que se deslegitima a sí mismo con su disposición a sacrificar la justicia.
Santos tiene que entender que por encima de su mandato temporal está la majestad de la justicia y que los crímenes de lesa humanidad cometidos por las Farc, no pueden y no se quedarán impunes.
Si la justicia colombiana es sacrificada en aras de una paz mentirosa y amañada, aún quedará el camino de la justicia penal internacional, donde el mismo Santos deberá responder en caso de que esté pensado en indultos y perdones.
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