EDITORIAL | Paro papero, reflejo de la realidad boyacense

Cientos de pequeños agricultores se sienten ahorcados por la actual situación económica del campo, lo que los lleva a un paro que parece tardío.

Los campesinos, productores de papa, se han lanzado a un paro al que los llevan los bajos precios del tubérculo, sumados a los altos costos de los insumos.

Los agricultores se quejan de la falta de apoyo del Gobierno, que ha permitido que por la vía del TLC
ingresen productos foráneos que están arruinando el campo colombiano.

Para evitar su desaparición, piden que el Gobierno les ayude con un precio de sustentación, que les permita competir con países donde la producción agrícola es subsidiada.

El Gobierno, tan miedoso de que le vaya mal en las encuestas, de seguro saldrá a prometer cualquier cosa con tal de calmar las aguas. Cosas que luego echarán al olvido y taparán regalando algunas casitas y prometiendo otras en el sector rural.

Mientras que la Gobernación de Boyacá es totalmente inútil y apenas sirve para organizar consejos de seguridad en los que se ordena el desbloqueo de vías. Mientras que le son absolutamente ajenos temas como el apoyo al campo, la tecnificación, la diversificación, la capacitación para convertir a los productores en exportadores.

A los politiqueros locales sólo les interesan las obras en las que se pueden lucir, aquellas en que se pueden fotografiar. Ahora algunos salen a posar de auxiliadores del campo y marchan con los campesinos. Pero ¿Qué han hecho por el campo? ¿Acaso, cumplen con las mentiras que pregonan en época electoral?

El paro es justo y más que extenderlo indefinidamente, los campesinos y productores deben exigir que el Estado les brinde las herramientas para crecer y no sólo esperar que les paguen unos pocos pesos.

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