Entendiendo el matoneo escolar

Entendiendo el matoneo escolar

Para entender el fenómeno de violencia en los colegios Excelsio reproduce un extracto del estudio "Violencia interpersonal, diferentes formas de presentarse: ¿es prevenible y evitable?" realizado por Alexandra Marthe Manjarrés para el Instituto Nacional de Medicina y Ciencias Forenses.

Acoso escolar (matoneo escolar)

Son de gran importancia los actos violentos que no causan la muerte, pero son importantes también aquellas actuaciones que impactan a la víctima de forma irreparable, ya que el sufrimiento y la mortificación que producen son incalculables.

A pesar de esta evidencia, los diferentes tipos de violencia continúan siendo una de las principales causas significativas de muerte y morbilidad en Colombia, que requiere de estrategias, si no para eliminarla completamente, sí para reducir su prevalencia y el intento de establecer dinámicas sociales más adecuadas (16).

La violencia en el escenario escolar también es cada vez más común en Colombia, originando un gran número de estudios que, por lo general, se destacan en el ámbito educativo y social, pero que no abordan la problemática desde modelos de salud concretamente (16).

Las conductas agresivas pueden hacer parte de la vida cotidiana de cualquier persona. Sin embargo, cuando éstas rebasan los límites socialmente permitidos, es necesario conocer las causas o factores que inciden y sus diferentes maneras de abordaje.

El término “acoso escolar” (también conocido como hostigamiento escolar, matoneo escolar o bullying) es una forma relacionada de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares reiteradamente a lo largo de un tiempo determinado, que afecta la calidad de vida y el rendimiento académico de niños y adolescentes (17).

Según Pepler, el matoneo es hoy en día un problema social y de salud pública importante; las víctimas y agresores presentan gran riesgo de padecer problemas de salud; la deserción de la escuela para evitar el maltrato, aumenta los costos de la educación, incide en las tasas de criminalidad asociada y gastos en el desarrollo y aplicación de los programas de prevención (16).

En Colombia, en un informe sobre convivencia y seguridad en ámbitos escolares de Bogotá, se hizo referencia a este tipo de violencia como la generadora de graves perjuicios para las víctimas y para su entorno, y se cree necesario que la comunidad lo considere un comportamiento inadmisible; para ello, se invita a la producción de trabajos de investigación y programas de intervención que integren a toda la colectividad en la búsqueda de una solución (16).

Esta violencia escolar y de conducta se ha generalizado y ha crecido, dejando a un lado las clases sociales; es un fenómeno que está excediendo los límites en todos nuestros contextos escolares, no solo de Colombia sino a nivel mundial (17).

El patrón cultural de concebir como “algo normal” situaciones de intimidación, violencia, exclusión, amenazas y discriminación, como algo propio de los niños y de la cotidianidad de los establecimientos educacionales, es lo que llevó durante décadas a considerar este problema como válido para investigar y, sobre todo, para intervenir.

No deja de ser interesante, en este sentido, que gran parte de la violencia escolar sea concebida como un  proceso normal y, que por la misma razón, hasta el día de hoy, miles de niños estén siendo victimizados sin que haya una acción efectiva (a corto y a largo plazo) en los colegios.

Sin embargo, los vientos de cambio se avecinan, y las instancias gubernamentales y educacionales están tomando medidas (17).

Entre las diversas formas de presentación de la violencia escolar se encuentra el denominado “matoneo”. Este concepto define actos de intimidación y de victimización entre pares, consistentes en maltratar (psicológica o físicamente) a compañeros o iguales, con palabras humillantes, burlas, apodos, ignorarlo o excluirlo, patear, pegar, empujar e incluso amenazar; además, esparcir rumores o mentiras e incitar a otros a que sean rudos (16).

Este tipo de violencia se inscribe en la dinámica de las relaciones interpersonales; se ha hecho pública en los últimos años a pesar de que su estudio cumple más de 30 años (16).

El psicólogo noruego Dan Olwes fue el pionero de las investigaciones sobre el tema desde 1973; el interés se hizo público diez años más tarde al iniciar trabajos originados por el suicidio de algunos jóvenes a causa del matoneo (16).

El comportamiento del matoneo fue lanzado a la luz pública desde finales de los años 70 y principios de los 80, en países como Estados Unidos, Noruega, España y Finlandia, convirtiéndose en práctica común a nivel mundial (16).

El País Vasco ha alcanzado 15 % de presencia del matoneo en las escuelas, mientras que en Colombia se habla de 30 % de jóvenes intimidados, cifra bastante similar a la de Estados Unidos (16).

En el matoneo, la persona está expuesta repetidamente a este tipo de acciones negativas por parte de una o más personas; dichas acciones hacen referencia a la intención de una persona de causar lesiones o malestar en otro, ya sea por contacto físico, verbal, exclusión, etc., generando un notorio desequilibrio de poder entre el perpetrador y la víctima, de tipo intencional y con el propósito de dominancia.

Se trata, entonces, de un sistema de dominio-sumisión que se prolonga en el tiempo, con intencionalidad mantenida de dañar a otro y que, por lo general, ocurre en un contexto de impunidad, ya que en la mayoría de ocasiones no es detectado por los adultos o autoridades y se convierte en una acción encubierta.

Sin embargo, es evidente para los compañeros, que se convierten en testigos y que están presentes en el 85% de los episodios (16).

Existe un gran número de estudios que señalan los efectos del matoneo sobre la víctima, generando enfermedades relacionadas con el estrés, depresión, suicidio e incluso homicidios, así como detrimento de la calidad de vida originada por el aislamiento, la humillación social y la irritación, entre otros factores (16).

Los efectos negativos que impactan tanto a la víctima como al agresor, han llegado a agruparse en dos grandes bloques con el fin de poder intervenirlos de manera más eficiente; éstos comprenden: los problemas a corto plazo, como desarrollo de enfermedades psicosomáticas, ansiedad, autolesiones, suicidio, ausencias y deserción escolar, y aquellos a largo plazo, como baja autoestima, depresión y relaciones de desconfianza con pares, entre otros (16).

Los victimarios del matoneo son más vulnerables a verse comprometidos en comportamientos antisociales, delincuencia, vandalismo y consumo de sustancias, y, además, contribuyen a un clima social negativo, afectando el proceso de aprendizaje y enseñanza.

Se añade la creciente lista de víctimas que han tomado venganza de la intimidación, llegando al asesinato de sus victimarios o generando otro tipo de lesiones (16).

La relación de dominio-sumisión en la que determinados alumnos emplean prácticas abusivas para someter y controlar a los otros, es una clara vulneración de los derechos humanos básicos del respeto y la tolerancia.

Estas prácticas son la amenaza, el chantaje, la agresión verbal y física, la falta de respeto (burla, insulto y  ridiculización) y las prácticas de exclusión o marginación, ignorando a la víctima e impidiendo su participación social (17).

Referencias bibliográficas
16. Paredes Garavito OL. Diseño y evaluación del impacto de un programa de intervención basado en la teoría de la acción razonada sobre el comportamiento de matoneo en estudiantes escolares. Artículo de Revista Académica Journal 2009 Universidad Nacional de Colombia
17. Varón CS. Violencia escolar. Perfiles psicológicos de víctimas y agresores. Retos actuales de la neuropsicopedagogía: cerebro, educación y familia. Bogotá editor Rodrigo Lupercio Riaño Pineda 2011. p. 70.

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