El discurso de Rojas Pinilla en Sogamoso

El discurso de Rojas Pinilla en Sogamoso

Lea el texto del discurso pronunciado por Gustavo Rojas Pinilla en Sogamoso, pronunciado en agosto de 1953, en la presentación del proceso de paz con las guerrillas liberales.



“Señor Coronel Comandante de la Brigada y soldados de la Primera Brigada, señor doctor Abella Chaparro y pueblo de Sogamoso; hombres y mujeres de mi Departamento”:

“Es singularmente grato para el Primer Mandatario visitar esta sección de Boyacá, pletórica de recuerdos, madura de hechos históricos y que constituye la mejor promesa para su engrandecimiento y prosperidad”.

“La entusiasta y poderosa demostración de respaldo que me ofrecéis, en estos momentos, vigoriza mi voluntad para no desfallecer en la empresa de asegurar una Patria amable y generosa para todos sus hijos”.

“Ya era tiempo de que se apagaran los rencores, se estancara la sangre inútilmente derramada, de que la reflexión serenara las ambiciones y la razón hiciera comprender que la fraternidad y el trabajo honrado, producen mejores frutos que el inmisericorde sacrificio de vidas inocentes”.

“El desamparo de la familia, las interminables vigilias para arrojarle víctimas a la sorpresa y los padecimientos que despiadadamente atormentaron el cuerpo, nunca dieron el fruto prometido por la pasión insana. Es preferible cumplir las leyes Divinas y humanas, que indican el respeto a la autoridad y le dan valor permanente a la vida de nuestros semejantes”.

“Estas comarcas de promisión, atormentadas por las inclemencias de la pasión política y teatros de las más terribles tragedias, deberán permanecer en constante vigilancia y trabajar sin descanso al lado del Gobierno, para que la pacificación de los espíritus y el olvido de las venganzas sean las bases esenciales para la sincera reconciliación nacional, tanto más anhelada cuanto mayores fueron los sufrimientos y angustias que produjo el olvido de los eternos principios de amor y caridad”.

“Tal vez ninguna región de la República, ha sido más azotada que Boyacá por el huracán de la incomprensión sectaria, de cuyo paso quedan testimonios dolorosos y ruinas que proclaman la necesidad de rectificar los caminos equivocados por donde ha venido transitando. Y son estas circunstancias de amargura y desolación, las que justifican aquí, más que en cualquiera otra parcela de Colombia, el imperio de este nuevo orden en que estamos comprometidos quienes resolvimos escuchar el clamor de justicia que resonaba por todos los ámbitos de la Nación, y no descansar hasta que volviera a sus antiguos  y ejemplares cauces de genuina democracia cristiana”.

“Quien advierta la riqueza de estas regiones, la variedad de sus climas, el valor no imaginado de sus reservas minerales, la fertilidad de sus tierras aparentes para todos sus cultivos, no podrá menos de sorprenderse ante la desidia con que han sido aprovechados estos dones de la Naturaleza y ante la despreocupación con que han sido dilapidadas las energías de su pueblo llamado a ocupar sitio del mayor relieve en la dirección de la vida colombiana”.

“No quiero entrar en el análisis de las causas de variada índole que han retardado la realización del destino histórico de Boyacá, porque este vasto movimiento en favor de la paz y del progreso común, que el país está respaldando con entusiasmo y confianza, sólo mira al pasado para remover los obstáculos y vencer los errores que nos pusieron al borde de la disolución”.

“Es una empresa que se afirma en el presente, para llamar a todos los ciudadanos de buena voluntad a dar la batalla de la fe por la justicia; que se afianza sobre el porvenir en un acto de fidelidad  a los próceres y se robustece en el pensamiento católico que ha modelado la fisonomía espiritual de la República y en las auténticas tradiciones nacionales, que no pueden ser desvirtuadas por el desenfreno partidista o por las ambiciones personales”.

“Esta reconstrucción de Colombia, como la soñaron los Libertadores y como la tallaron sus más calificados conductores militares y civiles, y que de nuevo proclamo desde este solar de la grandeza histórica, en el que se escuchan todavía el estrépito de los jinetes que dominaron la cumbre y la llanura, no busca únicamente el imperio de la concordia entre los ciudadanos, el desarme de los espíritus para restaurar la mutua confianza entre los asociados y el predominio de la ley para poner coto a los abusos y a las demasías, sino que debe constituir una verdadera revolución en nuestras costumbres administrativas y políticas”.

“Ella se encamina a devolverle a la función de gobernar, el sentido de una misión para el servicio abnegado de la comunidad, para despertar las dormidas energías nacionales y lograr el creciente mejoramiento de las condiciones de vida de los colombianos; para hacer de la justicia social fórmula fecunda que reconcilie a las clases y armonice los intereses del capital y del trabajo, para llevar la educación pública a todos los sectores del país, y, de modo preferente, a los grupos populares y campesinos; para aprovechar los beneficios de la higiene al vencer las endemias del trópico y darle la garantía de una raza sana y alegre, para transformar por obra de la técnica en emporios de riquezas a zonas que aún esperan el llamado de la civilización”.

“Boyacá, siempre está presente en los hechos notables de la vida nacional y con vocación de sacrificio y un cálculo sin desmayos pone sus mejores intereses para el bienestar de todos. Nunca ha sido esquiva a las urgencias que reclaman esfuerzo o fatiga, porque entiende que la Patria tiene su puesto en la Historia y se engrandece con el concurso desinteresado y noble de espíritus generosos y constantes”.

“Es necesario capacitar a Boyacá, para que vuelvan los hijos que tuvieron que emigrar de su tierra en busca de horizontes más propicios”.

“A la Empresa Siderúrgica Nacional de Paz del Río, le daremos la electricidad que necesite para el firme desarrollo de sus industrias básicas y complementarias y para que el pueblo pueda disfrutar de los adelantos de la cultura y de la ciencia”.

“El Instituto de Colonización e Inmigración transformará estas tierras feraces, para que cada boyacense tenga casa y plantíos alegres, donde prolifere al amparo de Dios sana y radiante la familia campesina, que es la reserva más valiosa de los pueblos grandes y prósperos”.   

“Recojamos las enseñanzas de nuestros antepasados, para que nuestro Departamento hoy y mañana símbolo de redención y en todos los tiempos refugio de la libertad, sea el primero no sólo en los heroicos sacrificios sino también en el progreso industrial y agrícola, y quede redimido del atraso en que estaba por la indiferencia de quienes no vieron sus tesoros y grandes posibilidades para la defensa y el porvenir de Colombia”.

“Hagamos un Boyacá económicamente libre, baluarte perenne de la dignidad nacional, refugio de nuestras mejores tradiciones, manantial de concordia, de paz y de trabajo y ejemplo permanente de patriotismo y virtudes ciudadanas”.

“Os invito, boyacenses de todos los partidos y clases sociales, a no desmayar en la enaltecedora campaña de confraternidad en que tan sinceramente está empeñado el Gobierno, para que unidos como en los tiempos gloriosos del Pantano de Vargas y Puente de Boyacá, podamos recoger los frutos de haber apreciado a tiempo los beneficios de la sincera convivencia política que al dignificar la pasión partidista enarboló el mejor emblema de redención nacional”. 

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