EDITORIAL | ¿y dónde está la inteligencia?

El caso sucedido en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, que causó la muerte a un estudiante y mutilación a otros, lleva a la reflexión acerca de dónde está la inteligencia de todos los involucrados.



Primero debemos cuestionarnos dónde está la inteligencia de los estudiantes. Se supone que son los llamados a ser los más críticos y reflexivos. Sin embargo algunos ‘idiotas útiles’ se han convertido en los borregos del terrorismo. Los infiltrados con su retórica de izquierda, anquilosada en el pasado, insisten en utilizar a estas ‘cabezas huecas’ para hacer del alma Mater un nido donde se empollan los resentimientos.

Estos muchachos no son ningunas víctimas. Son adultos y han decidido tomar el camino equivocado y en consecuencia deben atenerse a las consecuencias. Preparan elementos con los que son capaces de asesinar y cada vez que realizan sus protestas su objetivo es dañar a uniformados que con un escudo y gases tienen que resistir los ataques.

Esta vez quienes decidieron el camino del terrorismo probaron una cucharada real del dolor de la guerra. El daño que recibieron es el mismo que los terroristas han intrigo por años a miles de soldados, policías y civiles.

Pero también nos preguntamos dónde está la inteligencia de la Fuerza Pública. Se sabe de tiempo atrás que la UPTC estaría infiltrada por el terrorismo. La inteligencia del Estado se entiende como aquellas investigaciones ejercidas para desarticular a las bandas criminales. ¿Por qué no se está haciendo en la UPTC para desarticular esos grupos del microtráfico de droga y de apoyo al terrorismo?

No puede ser posible que cada mes se bloquee la vía Tunja – Paipa, por que unos pocos deciden protestar por cada pendejada que se les ocurre. La autonomía universitaria debe dejar de ser un obstáculo. Si quieren protestar que lo hagan, pero la Fuerza Pública debe poder entrar a capturarlos cuando ejercen la violencia e impiden la libre movilidad de los boyacenses.

Finalmente nos preguntamos dónde está la inteligencia de la universidad. En lugar de estar rindiendo homenajes a los vándalos deberían perseguirlos, denunciarlos y ponerlos fuera. Cómo es posible que estos grupos permanentemente estén usando las instalaciones de la universidad para hacer su proselitismo, sin que se haga nada para identificarlos.

Ninguna muerte causada por hechos tan absurdos puede aceptarse. Pero si el muerto hubiera sido un civil cualquiera o un agente de policía, seguro que no habría tanta consternación.

Boyacá debe reflexionar y cortar se raíz este tipo de actividades en sus universidades si quiere seguir siendo un departamento de paz y más aún si quiere atraer el turismo mundial, pues nadie visitará una tierra donde el terrorismo es ejercido desde la universidad.

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