La confirmación de la muerte del terrorista Alfonso Cano se convierte en un nuevo aliciente para que el país crea que es posible acabar, por fin, con el grupo criminal.
Así como la muerte de Raúl Reyes, Manuel Marulanda y el Mono Jojoy fueron motivo de desmoronamiento sistemático de las Farc, ahora, si cabeza esperamos que de una buena vez por todas quienes se mantienen al mando se desmovilicen junto con todos sus esclavos.
Ha llegado la hora de liberar a tanto campesino que lucha obligado en una organización que los esclaviza y utiliza.
Colombia debe seguir presionando para que ni uno solo de esos criminales que quedan al mando, se mantenga sin castigo. Deben entregarse y pagar por sus delitos. Por supuesto deben empezar por liberar a los secuestrados y cesar en su acción narcotraficante.
La Fuerza Pública, por su parte, debe incrementar las acciones contra los delincuentes para cerrarles todos los espacios y llevarlos a la rendición incondicional o a la muerte. Igual camino para sus auxiliadores.
No ha salida para las Farc.
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