Crónica | “¿Cómo se le habla al desaparecido? con la emoción apretando por dentro”

Crónica | “¿Cómo se le habla al desaparecido? con la emoción apretando por dentro”

Foto: Archivo Particular
Jornadas por la Memoria, la dignidad y la vida en Boyacá
Por: Martha Sofía Medina Cuervo | El viento rebelde, que saludaba la tarde del 8 de julio pasado en Sogamoso, chocaba contra cada nombre inscrito cuidadosamente en  soportes de cartón blanco.

Cada uno de los desaparecidos por la fuerza, cada una de  las víctimas del conflicto armado y de falsos positivos, hacia  presencia  simbólica  en la Plaza de la Villa, en donde desde hace cuatro años, un grupo de boyacenses  entrelazados en una iniciativa esperanzadora, levanta un monumento itinerante para acompañar el dolor de sus familiares y amigos.

“Las Jornadas por la Memoria, la Dignidad y la vida”, en Boyacá, se han convertido en ese espacio, que permite olvidar las fosas comunes, las tumbas o el lugar secreto a donde no han llegado muchos al rescate del cuerpo y del  alma. Las Jornadas, salen con respeto, pero  sin  permiso para Rechazar los Crímenes de Estado, exigir la verdad, justicia y reparación integral y garantías de no repetición.
Caminantes y visitantes, bendicen los nombres, se arrodillan, ponen flores, lloran, maldicen, pujan o  enmudecen. Cada nombre tiene un doliente presente  o en la distancia.

Cada nombre que encarna una historia de batallas sociales y desigualdades. De algún  niño, un joven que prestaba el servicio militar, el abogado defensor de los Derechos Humanos, una mujer campesina, un aspirante a la alcaldía de la ciudad, el indígena,  dos o más estudiantes y maestros que vivieron el sueño de  un mejor país. La memoria reposa en ese espacio, que se ha ganado, a través  del Observatorio de Victimas de Estado y Desaparición forzosa, “Derechos Humanos de Boyacá y Casanare” y que durante unas cuantas horas, dos veces al año, toca tierra con el cielo.

Pero son las manifestaciones artísticas, las que se han constituido en ese soporte para representar  jornada tras jornada, la resistencia frente al olvido y a la impunidad. Dramatizados, pantomimas, narración oral y la construcción musical con flautas, quenas y zampoñas que interpretan grupos locales.

Notas con ritmos andinos, subrayan el mosaico de las lápidas simbólicas, que se dejan llevar por el viento persistente en su rebeldía. Vuelan los nombres como palomas blancas que parecen quedar suspendidos en el aire. Tal vez como los mismos procesos jurídicos de sus victimarios.

Y en las Jornadas del 2011,  como en las anteriores, se hacen presentes colectivos como Zoscua, que trabaja por el fortalecimiento y consolidación de formas y espacios democráticos de participación y organización ciudadana, social y comunitaria. Fundación Cultural Rayuela, con “las palabras andantes” de Iván Arturo Torres, que golpearon los corazones, recordando al humorista colombiano Jaime Garzón.

Algunos Recuerdos
6 de Marzo de 2009. En medio del frio de Tunja, del silencio y de la indiferencia de algunos en la Plaza de Bolívar, un grupo de actores, vestidos con largas batas negras y caracterizando el dolor de las familias de los desaparecidos, caminaba en medio de un monumento de tumbas, construido de ladrillos pintados de blanco. Sobre cada tumba una cruz y un nombre. Sobre cada nombre una historia que desgarra y oprime, pero que también invita a los que quedan a trenzar en la memoria, el pasado, el presente y el futuro de un país en busca de la reparación.

Quince días después, 21 de abril, se trasladó a Sogamoso el Monumento itinerante. Allí en la Plaza de Villa, estaban representadas la infamia, pero también la esperanza. Grupos de desplazados, con sus maletas y mochilas a cuestas, buscaban a sus seres queridos. Una marcha sosegada los acompañó, hasta llegada  la noche, cuando en un círculo de manos entrelazadas, se elevó una oración, por una Colombia en paz y en perdón, que en últimas, es lo que lleva a la Libertad.  Las velas encendidas, brillaban sobre la memoria de cada victima.

Marzo de 2010. Un sol esplendoroso iluminaba a Sogamoso al medio día. Cuatrocientos bloques pintados de blanco, “estudiantes de diversos colegios, mujeres y hombres, realizaron un performance permaneciendo sentadas durante una hora.

Con velos y sombrillas negras sobre sus hombros, se mezclaban con madres y familiares de víctimas. “Doscientas cincuenta sillas blancas que permanecieron expuestas durante todo el día como el símbolo de resistencia frente al olvido y la impunidad”.

También representaban, como lo refiere un comunicado del  Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política de Boyacá Casanare, el acompañamiento a los familiares de los desaparecidos. Entonces apareció en la memoria de algunos presentes, -entre ellos  familiares y amigos-  el recuerdo de diez años atrás, cuando se produjo el  asesinato del líder sogamoseño, Manuel Ignacio Torres Navarrete. La imagen de “Nacho”, no solo estaba allí en su fotografía. Rondaba su entrega a las comunidades vulnerables y del campo, saltaban sus versos cotidianos a su esposa y a sus hijos. Su muerte interrumpió la esperanza de miles, que lo querían alcalde para su ciudad.

La Jornada recogió a un pequeño grupo de amigos de Nacho, que escuchaban en una esquina, la lectura de una página del “Boyacá Siete Días”, del 17 de octubre del año 2000, en la que el periodista HH Rodríguez, culminó su crónica alusiva a las últimas trece horas de su vida… “Alguien alcanzó a gritar: No se lo lleven, él es un hombre bueno.

Los asesinos eran sordos, no escucharon ese clamor. A partir de ese momento Sogamoso no es la misma ciudad”. No obstante el dolor por la ausencia de estos lideres,  niños, jóvenes,  hombres y mujeres, la iniciativa “por la vida, la dignidad y la justicia”, invita a encender la luz de la memoria. La misma de la que nos habla Eduardo Galeano, la que “está en el aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira”.

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