La Alcaldía de Sogamoso que tradicionalmente ha sido botín de la corrupción y centro neurálgico de la burocracia, es por estos días una piñata que se disputan cuatro candidatos.
El Alcalde electo para el periodo constitucional 2008-2011 fue destituido por un mal manejado proceso de recolección de firmas, lo que le dio a sus opositores la oportunidad de ”tumbarlo”, lo que más que afectar al alcalde, afectó profundamente a la ciudad.
Sogamoso es víctima de una polarización que nada bueno le ha traído. Las calumnias e injurias contra unos y otros candidatos son el pan de cada día, mientras que las propuestas y programas son apenas papel y promesas.
Los ciudadanos, obligados a elegir con un voto de opinión, simplemente se prestan a juegos de interés y escogen bando orientados por argumentos sin fondo.
Es hora de que los sogamoseños se pongan serios y piensen en lo que requiere la ciudad y no se presten a los intereses de los politiqueros locales que han demostrado a lo largo de los años que sólo buscan el beneficio propio.
Los pueblos tienen los dirigentes que se merecen y ante la crisis Sogamoso debería elegir un alcalde capaz de cohesionar y unir a la ciudadanía en pos del progreso y la unidad de la ciudad, no a dirigentes interesados en la segregación del pueblo sogamoseño.
¿Quién? es algo que debe decidir cada votante en su fuero interno tras estudiar y analizar a los candidatos, su origen, sus antecedentes políticos y judiciales, sus padrinos políticos, a sus colaboradores y financiadores.
Si no hay, a juicio del votante, un candidato que valga la pena, siempre quedará el voto en blanco como opción y mensaje. Lo que no se puede aceptar es el abstencionismo.
Sogamoso no necesita un mesías, requiere un líder capaz de sacar a la ciudad de la crisis en que la han metido sus peores hijos.
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