Tres conjueces del Consejo Nacional Electoral (CNE) parecen haberle dado muerte, definitiva, al referendo que buscaba la segunda reelección del Presidente Uribe.
El refrendo tan manoseado y maltratado, surgido del constituyente primario, encontró su muerte precisamente en la recolección de firmas, proceso que fue declarado nulo por el CNE.
En otras palabras, las firmas de casi cinco millones de colombianos no sirven para nada en la democracia colombiana. Evidentemente el proceso fue manejado de mala manera por los promotores y tuvo que sufrir un manoseo asqueroso en su paso por el Congreso.
Aún así, seguía un camino incierto y pocas o ninguna posibilidad tenía de resistir un análisis de constitucionalidad.
Quienes defienden la iniciativa, aún creen que es posible sacarla adelante y que la decisión del CNE no se ajusta a derecho.
Sin embargo la muerte del referendo, a pesar de ser un pisoteo a quienes lo firmaron, puede no ser del todo mala. Sin Uribe en el camino para un tercer periodo, es posible que la politiquería de Rafael Pardo y Gustavo Petro, pase al campo propositito, acabando la polarización que tanto daño le está haciendo al país.
Acabar la incertidumbre puede llevar al inicio de la carrera por la presidencia entre los candidatos y, tal vez, permita que el Gobierno regrese a lo suyo: dirigir al país, olvidándose de tener que apagar incendios encendidos por su participación política.
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