Por: J. Vargas | El día en que cayó el muro de Berlín quedaron sepultados bajo sus escombros veintiocho años de separación, muerte y sufrimiento. Luego, un nuevo estilo de vida surgió y un arsenal de expectativas políticas y económicas comenzó a gestarse.
La libertad llegó a Berlín el 9 de noviembre de 1989, derribando la barrera física mejor vigilada en la historia de Alemania, aquella que dividió un pueblo en dos, separando familias, amigos y vecinos.
Ese día, berlineses del Este y del Oeste pudieron reencontrarse, abrazarse, y decirse todo aquello que tuvieron que reprimir durante los años en que el “telón de acero” los mantuvo alejados.
Once años después de este histórico reencuentro, del muro solo quedan los recuerdos y algunos fragmentos de piedra recogidos y guardados como auténticos tesoros. “En Berlín, el pico y la maceta sustituían a la hoz y el martillo porque el muro de la discordia se convirtió en el objeto fetichista de deseo de los coleccionistas de piedras históricas” escribió Manuel Leguineche en su libro “La primavera del Este”.
Suficientes motivos tuvieron los berlineses para alegrarse por la caída del muro. La euforia de volver a ser libres tuvo tantas manifestaciones como sentimientos generados. Abalanzados sobre el muro con herramientas o sin ellas comenzaron a desfogar toda la ira que tuvieron encerrada.
Luego vendría la calma y el acoplamiento a nuevas formas de convivencia, a la libertad. Ya no era necesario arriesgar la vida tratando de escapar. Tampoco se necesitaban las 250 torres de observación, los 135 búnkers y las 5445 lámparas de mercurio que iluminaban la zona. De igual modo, los 14000 guardias y 260 perros policías suspendieron sus labores de vigilancia y ya no tuvieron que acatar la orden de disparar contra aquellos osados que intentaran la fuga.
El cambio radical sobrevino. De las extremas medidas de seguridad se pasó al libre tránsito por Berlín unificada. Las restricciones que sólo permitían ir a países comunistas como la antigua Checoslovaquia, Polonia, Rusia, Rumania o Bulgaria, quedaron eliminadas y se ampliaron entonces las posibilidades de viajar a otros países.
Llegó la apertura y el nuevo sistema socioeconómico. Durante su existencia, el muro simbolizó la división entre los dos sistemas, el capitalista y el socialista, pero con el derrumbamiento de la gran mole, se consolidó el gobierno de Alemania occidental.
Entonces hubo libertad, dinero y en general una sociedad de consumo. Pero al mismo tiempo, aparecieron los problemas que el sistema capitalista conlleva. El desempleo comenzó a extenderse, y el intercambio y la acumulación del capital empezaron a afectar la economía del pueblo.
Biografía del muro
“El alma de la ciudad se dividió en 1961”, escribió Leguineche. El nacimiento del muro el 12 de Agosto de 1961 significó el encierro de la libertad.
Los berlineses quedaron cercados y el hecho de no poder salir contribuyó con el desarrollo de toda su capacidad inventiva para tratar de escapar hacia la libertad.
Muchos intentos, la mayoría de ellos fallidos, se llevaron a cabo. Algunos trataban saltar sobre el muro, otros elegían cruzar por debajo a través de túneles, otros se lanzaban desde las ventanas con la esperanza de que ´alguien´ los recogiera al otro lado, hasta hubo intentos de cruzarlo volando.
Pero muchos tuvieron un final trágico, por ejemplo: “64 personas resultaron muertas por disparos de los vopos en el momento de escapar, las dos últimas en febrero de 1989, nueve meses antes del derrumbamiento del paredón. Cientos de alemanes pagaron con la vida, ahogados o estrellados contra los bloques de cemento armado, su intento de pasar al otro lado”, según lo describe Leguineche.
Otros registros revelan que la primera víctima mortal fue Rudolf Urban quien intentó escapar el 19 de agosto de 1961, luego, Peter Fechter, de 18 años, fue herido a muerte el 17 de agosto de 1962.
Veintiocho años de existencia fueron suficientes, quizás demasiados, para ocasionar daño, muerte, separación y sufrimiento. El muro de Berlín fue el causante de innumerables desdichas.
Pero todo eso quedó atrás. Berlín hoy es una ciudad nueva, una ciudad que renació cuando murió el muro, aquella barrera casi infranqueable, cuyo derrumbamiento simbolizó el regreso a la libertad.
Once años después de este acontecimiento, el muro solo hace parte del recuerdo y de la historia de Alemania. El sentimiento general, sobre todo de los jóvenes alemanes, es que el muro ya no es un muro real, es un muro que solo existe en las cabezas de la gente.
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Fuente: Leguineche, Manuel. “La primavera del Este 1917 - 1990, la caída del comunismo en la otra Europa”.
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