Opinión | Boyacá no se compromete con la cultura

Opinión | Boyacá no se compromete con la cultura

Por: Carlos Carreño | Los espacios para la confrontación artística en nuestro departamento son cada vez más escasos, pues en las supuestas  políticas culturales no se ha abordado el tema con la importancia que éste merece, lo han visto siempre como la organización de eventos para rellenar, como decoración para seminarios y simposios, o como el pretexto para demostrar su supuesto “compromiso” con los procesos culturales boyacenses.

Pero la verdad es que existen unos Derechos Culturales, que muy pocas personas conocen y casi ninguno defiende, Derechos  fundamentales que son eje importante  dentro de  la formación de seres integrales, que aporten a la sociedad consientes de la complejidad e importancia que tiene su inteligencia sensible en el proceso.

Lo lamentable es que nadie los toma en serio, se cree que son derechos de segunda, que no son  relevantes, relegando así a un último plano uno de los bastiones de la construcción del tejido social dentro de las dinámicas contemporáneas, pues la cultura de un pueblo es la que le permite reconocerse como ente orgánico, como espacio que posibilita soñar metáforas poéticas activas y cambiantes que rompen fronteras de entendimiento hacia nuevas esferas  para la comprensión de la realidad, como algo más que las noticias manipuladas de turno y las piruetas corruptas de la burocracia de siempre.

Dentro de esta maraña de necesidades interminables que la cultura  ha ido acumulando a través de décadas de ignorante y aterrador abandono, la inexistencia de espacios dignos para exposición es uno de los más delicados para el área de artes plásticas y visuales, en Boyacá no hay salas que cumplan con los requisitos mínimos para que una obra de arte sea exhibida de manera correcta y digna, respetando su atmósfera y resaltando sus valores estéticos, formales y conceptuales, llevando a los artistas a pelear contra afiches, carteles, anuncios y letreros en paredes de cafeterías, corredores y otros espacios que por obligación habitan las propuestas de nuestros creadores.

Es por esto importante que los artistas boyacenses luchen por sus espacios, que rompan el silencio y exijan que se les tenga en cuenta, no como un favor, como muchas corbatas creen, sino como un deber del estado para con su patrimonio, ¡sí!, es que los artistas son tal vez uno de los ejes fundamentales sobre los que se soporta el sentir patrimonial de un pueblo.

Por esto espacios como la sala de exposiciones temporales Rafael Tavera, en el Palacio de Servicios Culturales de la Secretaría de Cultura y Turismo de Boyacá en Tunja, deben ser habitados por el arte, y así evitar que se conviertan en bodegas de objetos y muebles inservibles. En medio de esta tarea, y en dicha sala, se presenta hasta el 5 de Noviembre la exposición del artista duitamense Orlando Garzón, quien se pronuncia con una serie de obras de su última producción donde la imagen es sentida, donde la gesticulación gramatical se atreve a explorar otras posibilidades discursivas.

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