Los más de cinco millones de colombianos que firmaron el referendo que busca la reelección del Presidente, Álvaro Uribe, están asqueados de ver cómo la clase politiquera manosea una propuesta que ha surgido del constituyente primario.
El Congreso de la República se ha dedicado por meses a darle largas, sin definir el futuro del referendo, eso sí, aprovechando el momento político para hacer de las suyas en el campo mediático.
Tanto ha sido el menosprecio y la manipulación a las cinco millones de firmas, que finalmente el Presidente de la República le pidió a su bancada que procure la conciliación (entre Senado y Cámara), que es el único paso que falta para que la iniciativa popular logre salir de la “pocilga politiquera”.
Uribe ha insistido en que se posibilite la conciliación, bien sea que se apruebe o no. Finalmente si pasa, aún le faltaría el análisis de constitucionalidad, pero al menos el pueblo no se sentiría mancillado por sus “honorables padres”.
Uribe podría estar efectivamente interesado en un tercer periodo, pero el tema central de la discusión no es el Presidente, sino el derecho de que las iniciativas populares sean respetadas por la clase política, cosa que no parece pueda suceder.
Si el referendo logra llegar a buen término, será el pueblo el que ha de decidir si quiere un tercer periodo del Presidente, o si ya es hora de un cambio. Por lo pronto quienes firmaron y desean el tercer periodo de Uribe deben estar muy atentos de cómo se están comportando sus congresistas y exigirles coherencia.
El elector es jefe del congresista y no al contrario, cuando se entrega la representación es para que se cumpla con las exigencias de quienes eligen.
Si desprecian las firmas del constituyente primario, se les debe despreciar cuando busquen los votos para su elección.
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