Opinión | Breve mirada

Opinión | Breve mirada

Por: Carlos Carreño | La Academia Boyacense ofrece a la comunidad estudiantil y graduada muy pocas posibilidades de formación universitaria en el campo del humanismo, ya que si damos una rápida mirada al mapa de oferta de postrados no encontramos muchos que resulten atrayentes para aquellos profesionales que deseen profundizar el aéreas como la antropología, la ciencias sociales, la filosofía, y demás áreas del conocimiento, por el contrario la ciencia exacta si encuentra eco, pero todo esto sin salirse de la UPTC y la Universidad Santo Tomas, con algunos aciertos de la naciente y muy fortalecida, después de siete años, Fundación Juan de Castellanos.

Para el caso específico de la Historia, la Universidad pública de nuestro departamento cuenta con un magíster en Historia y un Doctorado en la misma área, siendo el espacio donde hipotéticamente se gesten proyectos de lectura histórica, no solo bajo un rigor científico, sino también plateados desde perspectivas que aborden problemas investigativos pertinentes para el fortalecimiento y enriquecimiento de nuestra memoria como colectivo.

Pero uno como espectador, se encuentra con debates y eventos como los simposios de historia (por citar algunos) donde aun se escuchan planteamientos acartonados y obsoletos, de un anacronismo exasperante, investigaciones fetichistas de personaje héroe, de un corte neoclásico laureatorio verdaderamente desesperante. Escasean las miradas renovadas que indaguen históricamente desde la contemporaneidad, que demanda de observaciones abiertas, plurales, incluyentes y sobre todo que conciban el devenir histórico como una red relativa, propensa a ser mirada desde múltiples enfoques, siguiendo el ejemplo de los cubistas.

Por esto resulta agradable encontrarse con investigaciones como la adelantada por el psicólogo y dramaturgo Carlos Sánchez, fundador y director del Teatro Popular de Tunja, quien opto por el titulo de Magister con un trabajo titulado “Sentido y Realidad del Teatro Boyacense, Historiografía del Teatro en Boyacá”, socializado en días pasados en el auditorio Eduardo Caballero Calderón de la Secretaria de Cultura y Turismo de Boyacá, que por demás contó con una escasísima asistencia, corroborando la fragmentación absurda que sufre actualmente el área cultural boyacense, que aun se rehúsa a escucharse y dialogar.

Escuchando la charla se concluye que el teatro en Boyacá tiene dos vertientes que lo alimentan y le dan un soporte conceptual para ser una región fuerte en el área, ya que por un lado fue territorio Muisca, cultura que según  el desaparecido Germán Villate, Eduardo Gómez y Edgar Torres, contaba con manifestaciones que permitirían, según Sánchez, asegurar que el teatro en Latinoamérica tiene una raíz más antigua que la que hasta el momento se pensaba, pues los denominados “Areitos” y “Truhanerías”, evidenciados aún en ciertas tradiciones campesinas, demarcan un punto de partida para la escenificación.

Por otro lado la conquista trajo consigo el teatro misionero como estrategia evangelizadora, creando una cultura visual e interpretativa que destinó a nuestro departamento como cuna de gran cantidad de dramaturgos, entre los que encontramos, en medio de una larga lista, a José Fernández Madrid, Juan Francisco Tejada, Martin Guerra, Luis Alberto García, Jairo Aníbal Niño, entre otros de un alto grado de calidad. Lo que sorprende es que a pesar de tener gran tradición teatral, en Boyacá aun no haya estudios serios al respecto, y que carezca de espacios de socialización y discusión acordes a su tradición.

En cuanto a formación y creación de grupos estables, se observa una panorámica desoladora, si la comparamos con otros contextos mas jóvenes y con muchísima menos tradición, como el caso de Antioquia, Pereira y Manizales, pues acá tan solo se rescata, por su calidad, perseverancia, proyección social y protagonismo nacional e internacional a La Mueca de Sogamoso, El Teatro Itinerante del Sol de Villa de Leyva, el Teatro Experimental de Boyacá y el Teatro Popular de Tunja, ambos de Tunja.

Estos grupos son de admirar si observamos su trayectoria en medio del escasísimo apoyo gubernamental, para quienes el teatro, al igual que otras áreas de la cultura, pareciera ser curiosidades “bonitas” y rellenos de eventos oficiales de cuota.

Ya es hora de pensar en fortalecer nuestros Consejos Municipales y el Departamental de Cultura, para que cumplan con su función de ser veedor imparcial y especializado del gasto público, pues si no nos comprometemos con nuestra área de acción y la defendemos como prioridad, nos van a desaparecer estos enrarecidos aires de amnesia selectiva desde la oficialidad.  

Share:

Comentarios

Comentarios de Facebook