EDITORIAL | Monstruosidad a la colombiana

Desde el pasado sábado, cuando se conoció el caso de un hombre del Tolima de supuestamente violó sistemáticamente y convivía con su hija y sus hijos nietos, los medios colombianos decidieron equipararlo con Josef Fritzl el “Monstruo de Sankt-Pölten”.

Pero bien lejos están los dos casos de parecerse. Si bien supuestamente los casos son iguales en las vejaciones a las que la hija fue expuesta y la existencia de unos hijos – nietos, hay diferencias que deben ser tenidas en cuenta.

Por una parte, Arcebio Álvarez Quintero, el llamado “Monstruo de Mariquita” ha sido juzgado por los medios, la Iglesia, la Fiscalía y los defensores del castigo a los violadores. ¿Y entonces dónde queda la justicia? Álvarez a diferencia de Fritzl no tenía encerrada a la mujer, de quien se supo que posiblemente no sea su hija natural, punto que deberá determinar la justicia.

Otro punto a tener en cuenta es la brutal indiferencia de quines hoy, con gusto, lincharían a Álvarez: los vecinos de Mariquita. Fueron testigos durante 30 años de las supuestas aberraciones del hombre pero nunca dijeron nada. En el caso de Austria, la única que se calló fue la esposa de Fritzl.

Por otra parte está la miserable actitud de los medios colombianos, que sin fórmula de juicio condenaron al hombre poniéndole el Inri de “Monstruo”, socavando el derecho de defensa y de paso abusando de las supuestas víctimas, exhibiéndolas con morbo. En el caso del incesto austriaco, es imposible conseguir una imagen de la hija y aún más difícil de los hijos-nietos.

Si Álvarez resulta ser culpable, sin duda el suyo podrá ser calificado por la historia como un hecho punible, doloroso y si se quiere monstruoso. Pero mientras la torpe y lenta justicia colombiana resuelve el caso, no se le pueden pisotear principios y derechos básicos.

En este país doble-moralista, que prefiere ver novelas y noticias amarillistas, los medios se niegan a asumir sus culpas frente a la suprema ignorancia que hace que cientos de padres se crean con derechos sexuales sobre sus hijos y que las víctimas desconozcan que lo son.

Mientras los medios se nieguen a aportar educación al pueblo, deberían abstenerse de juzgarlo, pero mientras el morbo aumente el rating los derechos no serán una opción para los pobres ignorantes.

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