Por: Carlos Carreño | Los eventos artísticos para el encuentro y confrontación de las artes plásticas en nuestro departamento han ido perdiendo poco a poco el protagonismo que por años habían ocupado en los eventos culturales tan ricos y heterogéneos de nuestras ciudades y pueblos boyacenses. Independientemente de su calidad técnica y conceptual, las exposiciones, talleres y demás espacios para el encuentro con el lenguaje pictórico y escultórico eran plan obligado para propios y extraños.
Grandes Festivales tenían en su programación interesantes exposiciones de artistas locales, regionales e internacionales que permitían experiencias estéticas diversas, acercando al público a leer imágenes, a autorreconocerse y reflexionar sobre sus universos y otros posibles a través del color, las formas, las texturas.
Desafortunadamente los artistas hemos ido perdiendo protagonismo real como consecuencia de varios factores entre los que se encuentran la falta de apoyo real y efectivo al gremio por parte de la institucionalidad, escasez de salas para exponer que cumplan con los requisitos mínimos para la digna exhibición de obras de arte, siendo reemplazados por corredores y pasillos desabridos que al mejor estilo vitrina exhiben cuadros como si fueran mercancías sin espíritu ni esencia; a lo anterior se suman la escasa producción plástica de calidad estética y técnica, además del limitante y escaso planteamiento de proyectos que inserten la experiencia estético plástica como herramienta para la construcción de sentido social.
Creo que es un reto para los artistas plásticos y visuales estructurar nuevas posibilidades de diálogo con el público departamental, haciendo uso de diversos escenarios se que se abren a nuestros ojos pero que requieren de planteamientos conceptuales que se inserten dentro de las nuevas lógicas y dinámicas de consumo. No estamos en Francia, Estados Unidos, Bogotá ni Medellín, por el contrario, Boyacá se muestra con una riqueza incalculable de municipios cuyos pobladores desconocen sus derechos culturales fundamentales, ávidos de nuevas experiencias y cuna de talentos inexplorados y desconocidos.
Por esto eventos como Pintando en Tinjacá, incluido dentro de las fiestas patronales en honor a San Blas, y planteado como alternativa más allá de los conciertos populares y ferias agropecuarias, en el cual se dieron cita veinte pintores entre profesionales y aficionados del departamento, replantean la función del artista en pro de generar dinámicas para el reconocimiento de referentes patrimoniales, sin esperar los grandes y pomposos espacios, sino socializando el trabajo desde la perspectiva “obrera” con artistas que sienten su quehacer no solo como una necesidad espiritual vital, sino como la posibilidad de proyectarse como seres sociales.
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