El inicio de los juegos Olímpicos en Beijing, con una puesta en escena impresionante, marca el inicio “oficial” del cambio de imperio.
Estados Unidos ostentaba el título que ha perdido gracias a sus injustificadas intervenciones bélicas y a la cada día más notoria recesión económica.
Por su parte China, el gigante rojo, ha venido consolidando su economía de escala mundial, su capacidad de manejo de una de las poblaciones más abundantes sobre la faz del planeta y su consolidación como proveedor de productos y servicios a miles de empresas multinacionales.
Sí, el imperio rojo ha saludado con una muestra fastuosa de lo que su cultura milenaria ha representado para el mundo. Nada en occidente es tan novedoso, ni tan espectacular. Desde la pólvora hasta la imprenta, todo lo que ha hecho de occidente “una civilización” vino de la China.
Ahora no es diferente, los juguetes que tanto ansían los niños de las horrorosas hamburguesas del payaso, son hechos en la tierra de Mao.
Las imitaciones de ropa y accesorios de grandes diseñadores y que exhiben los hombres y mujeres de la “farsandula” criolla son hechas en China.
El computador que estamos usando para escribir esta nota y el que usted usa para leerla, tienen componentes hechos allí.
El imperio de la bandera roja nos ha conquistado, despacio, con calma, sin armas, sin violencia. Se ha metido en nuestras vidas y somos dependientes de él.
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