Cuando se cambian los Juegos por el “camello”

Por: Carolina Bonilla |  “Tengo que llevar $4.000 mañana al colegio y como en mi casa no alcanza la plata, pues yo mismo tengo que conseguirlo. Mi papá y mi mamá tratan de darme, pero la cosa está difícil. Si no fuera por lo que me gano acá en el mercado no podría ayudar a mi familia y ahí sí es verdad que no podría estudiar”.

El testimonio de Edwin Giovanni Sánchez Castañeda refleja el drama de muchos niños de Sogamoso y Boyacá, que se ven obligados a trabajar no por sus padres sino para ayudar en sus hogares en los gastos de la casa e incluso para mantener a toda familia.

Sin embargo, Edwin es un afortunado a pesar de lo difícil que sea su situación como trabajador en el mercado, cargando pesados canastos con tomates desde las seis de la mañana. A sus 11 años y con gran esfuerzo, este menor trabajador tiene la fortuna de ir a un colegio en donde recibe la educación que más adelante necesitará. 

“Yo estudio en el Liceo Andes en las mañanas, pero hoy no fui porque tuve que venir a trabajar para conseguir unos pesos que me pidieron en el colegio para unos materiales. Yo trabajo aquí desde el año pasado y  me siento bien, porque uno coge responsabilidad y seriedad”, dice el jovencito que trata de darle un poco de seriedad a su expresión, pero su voz todavía de niño delata su condición.

Al igual que Edwin muchos niños se dedican a varias labores y así poder llevar unos pesos a su casa para comer. No todos estos niños viven situaciones de violencia intrafamiliar, pues hay algunos que acuden a estos trabajos porque ven la necesidad de apoyar a sus padres.

“Yo no estoy de acuerdo que los niños de 8 años trabajen pues son muy pequeñitos y aquí en el mercado están en peligro y aprenden mañas desde chicos”, anotó Edwin mientras cuenta los tomates que debe entregar en cada canasta.

Para este niño que debe asumir las responsabilidades de un adulto por la difícil situación de su casa, el trabajo no es solamente una manera de ganar dinero sino una forma de adquirir responsabilidades y madurez.
 
La otra cara
“En mi casa nada más somos mi mamá y mis tres hermanos. Nosotros todos trabajamos en las busetas vendiendo dulces y al final repartimos las ganancias. Hay días en los que nos va bien, pero en otros no ganamos casi. Yo no pido plata, pero muchas veces los que se montan en las busetas devuelven los dulces y nos dan la plata”.

Carlitos tiene 9 años y es frecuente verlo en las busetas vendiendo golosinas a los pasajeros.

“Tómelo sin ningún compromiso, sólo le cuesta doscientos pesos tres en quinientos, ricas las frunas”, recita de memoria Carlitos, mientras reparte a cada uno de los pasajeros en la buseta lo poco que queda de la caja de dulces que su madre le entregó dos horas antes.

“Si me va bien vendo hasta cuatro cajas de dulces y me gano hasta tres mil pesos por caja. Los mejores días son los viernes, que es cuando a la gente le gusta comprar frunas”, dice el menor mientras busca dentro de su bolsillo las monedas para dar el cambio a un cliente que le pagó con un billete de dos mil pesos.

“A veces los choferes no nos dejan montar, pero uno les ofrece un dulce y ahí sí dejan que uno se suba a vender. Otros ni eso y me toca buscar otra buseta”, agrega.

Cuando se le interrogó sobre si va al colegio, Carlitos simplemente mira al cielo y responde: “Antes yo iba al colegio, pero como mi mamá se tenía que ir a trabajar entonces no había quien nos cuidara. Ahora trabajamos con ella”.

¿Se justifica el trabajo infantil?
La mayoría de padres tienen el mito o creencia que el trabajo forma a los niños para la vida, mucha gente cree que el trabajo es la mejor forma de que los niños aprendan algo útil y no desperdicien su tiempo libre, ignorando que existen otras maneras de que los niños aprovechen el tiempo desarrollando habilidades mentales, sociales y físicas necesarias para su crecimiento.

Muchos padres de familia sacan del colegio a sus hijos y los ponen a trabajar para que ayuden en la economía del hogar. Al contrario de lo que piensan, esto sólo los va a empobrecer más. Cuanto más estudio mayores oportunidades y mejor calidad de vida.

Al respecto una madre de familia del mercado nos manifestó que “es doloroso saber que en tiempos anteriores la escuela no era importante para nosotros, pues nuestros papás nos enseñaban las vocales, los números, y ya todo eso era nuestra educación, pero los tiempos cambian y ahora los niños tienen que estudiar y disfrutar la niñez”.

“Es verdad que uno a veces necesita que le colaboren, es como todo, en la casa tienen que colaborar con las funciones como lavar la loza, barrer y los oficios domésticos normales, y en el trabajo, por ejemplo, aquí en el mercado él me colabora a meter las frutas en las bolsas y a ofrecer, pero es la forma como uno les enseñe pues al fin y al cabo este trabajito  será el futuro en unos años para él” anotó la señora mientras desgrana la arveja y la pasa a una canastilla con la que Andrés la ofrece.

Consecuencias del trabajo infantil
Para la psicóloga de la Universidad del Bosque, Ivonne Ramírez, “el trabajo infantil es cualquier trabajo hecho por personas menores de 18 años, que lo afecta física, mental, social o moralmente e interfiere en su escolarización. Esto genera desigualdad pues los niños, niñas y adolescentes trabajadores no tienen los mismos  derechos ni oportunidades de los niños que no trabajan”

Enfatizó en que “el pensar que un menor se interesa por la administración del dinero  a cambio de su esfuerzo físico y mental, como mecanismo natural de supervivencia, o como mejorar las condiciones intelectuales y afectivas del niño, son tragedias sobre otras tragedias. Esa actitud es impuesta por los adultos responsables de su crianza, dándoles como estrategia de vida la miseria de su propia vida, la no valoración de su ser y de los otros seres que la rodean y comparten el planeta tierra con él, reducir su integridad y bienestar en mera sobrevivencia”.

Ramírez anotó que “Aunque hay muchas leyes internacionales y nacionales que protegen estos hechos, parece ser que su aplicación es dudosa, lo que nos da otro ejemplo de como la CONSTITUCIÓN es un libro más, y no un código de responsabilidad social, donde no se rige eficazmente en los asuntos tan relevantes para el desarrollo armónico de una sociedad, para que el desarrollo integral y sano de las futuras generaciones  mejore en algo la existencia del humano, que se convirtió en un ser lejano al creado por dios, por el universo.

La autorrealización del ser humano, no es más que  un conjunto de acciones para su autodestrucción, ¿Dónde estaría el error?, ¿Porqué la humanidad se desenfocó tanto de la realidad energética del ser parte universal?, atención, cuidado y protección, son las acciones de los adultos con respecto a los niños, la decadencia de los VALORES, han sumado la tragedia social, y la luz de esperanza de una vida armónica cada vez más lejos.

Explotación Infantil
Las peores formas de trabajo infantil son el comercio callejero, la explotación sexual y comercial infantil, trabajo infantil doméstico y niños en el conflicto armado. Es responsabilidad de los adultos mantener a los infantes alejados de este tipo de situaciones.

El trabajo infantil se ha constituido en una forma de vida en muchas familias en desventaja social, algunos lo  respetan ya que son formas de ganarse la vida y de los valores que se inculcan desde la cuna.

Sin embargo, a los gobiernos les corresponde ofrecer programas acordes a su realidad. La sensibilización se le debe hacer primero a los gobernantes quienes no tienen políticas claras en favor de la población infantil, y si las tienen no les asignan los recursos necesarios para su cumplimiento y ejecución.

Algunas personas necesitan que sus hijos trabajen para poder levantar lo del diario vivir, pero no deberían hacerlo si por ello dejan de estudiar. No se debe satanizar el trabajo infantil: También estudiar y jugar son un trabajo, pues implican la socialización de hacer y saber ¿Qué tal si luego de un día de trabajo de un niño, su maestro le lleva a reflexionar acerca de lo aprendido en la calle? Hay otras formas de mirar este asunto, pero siempre habrá formas hipócritas. ¿No es cierto que si hubiera trabajo para los padres, éstos no tendrían que apoyarse en sus niños para sobrevivir? Hay cierta falta de oportunidades, estructural en nuestra sociedad, que les niega la infancia a los niños y les niega la vejez a los viejos; en esas condiciones el trabajo infantil es una auténtica línea de fuga.

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