Por: Alberto Parra Soto* | Recientemente y en el periódico Boyacá 7 días se informó sobre la preocupante situación del comercio de la ciudad de Sogamoso, el cual se ha visto reducido en más de un 50% en su volumen de las ventas según la opinión de algunos comerciantes.
Todo esto puede ser cierto a primera vista, pero lo que nadie muestra son cifras convincentes, serias y contrastables que permitan comparar y corroborar dichas afirmaciones, por lo que opiniones como estas no dejan de ser más que simples especulaciones o “pálpitos” del común que nada tiene que ver con la realidad de lo que puede estar pasando con el comercio de una ciudad como Sogamoso.
No es que seamos incrédulos e conscientes de que las ventas vienen disminuyendo, inclusive en todo el país; simplemente pensamos que con estas afirmaciones sin sustento alguno se puede estar creando un “pánico económico” de imprevisibles consecuencias para la ciudad.
Por favor señores sean más serios y objetivos con las opiniones de lo que puede estar pasando en materia económica en la ciudad.
Hablar de que las ventas se han reducido en más del 50% (no se sabe en qué sectores ni por qué motivos) es hacerle el juego al chismorreo; especialmente cuando entidades como la Cámara de Comercio en cabeza de su director no se pronuncian claramente sobre el asunto y al parecer avalan con su silencio dichas afirmaciones.
Qué pasaría por ejemplo si la abrupta reducción de las ventas de que se habla se hubiese producido en el sector de los alimentos, la respuesta sería muy obvia... ¡Grave crisis alimentaria de la ciudad!
O las de que para nosotros tiene una explicación cierta, como la reducción de venta de vehículos o la de la propiedad inmueble, afectadas por el efecto de finalización del boom de las acciones de Paz del Río.
Lo que es muy claro es que el comercio organizado de Sogamoso ha sido desde que tenemos memoria la cenicienta de las políticas municipales. Para la muestra un botón:
En el nuevo Plan de Desarrollo de la nueva administración municipal no se hace mención alguna a este sector, por lo que para los comerciantes formales no hay programas ni políticas a desarrollar en el futuro, y eso a pesar de que la Cámara de Comercio presidió el Consejo Local de Planeación.
Igualmente pensamos que el pánico que experimenta hoy el comercio se debe entre otros factores a las ya no tan famosas ferias y fiestas de julio que en estos días se celebran, las cuales se convirtieron desde hace décadas en un verdadero castigo para el comercio de la ciudad, al promoverse desde la misma administración municipal la entrada del mal llamado “mercado persa” de San Victorino, que con su comercio informal y en algunos casos ilegal viene y arrasa anualmente las ventas de la ciudad.
El argumento chantajista con que todas las administraciones municipales han justificado esta desleal competencia, es la de que con los recaudos que se obtienen por el pago de arrendamientos del mercado persa, se pagan muchos de los eventos de las fiestas; y si ellos (los comerciantes) quieren evitar que el comercio informal ingrese a la ciudad tienen que pagar este valor, sin tener en cuenta que el comercio paga buena parte de los impuestos de industria y comercio e inclusive de predial.
Por tal situación los comerciantes se ven sometidos e impotentes ante este flagelo económico y hoy por hoy no participan en las fiestas como antaño, lo cual explica en alguna forma la secular decadencia de nuestras fiestas anuales.
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* Alberto Parra Soto - Economista de Sogamoso
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