Con la muerte del fundador y líder de las Farc, Colombia se ilusiona con la posibilidad de que su sucesor Alfonso Cano sea capaz de llevar a la organización narco terrorista a una proceso de entrega y desmovilización, que de una buena vez ponga fin a la infructuosa lucha armada que por cuarenta años han adelantado.
Lo que resulta claro es que poco va a cambiar en corto plazo, dado que la estructura guerrillera está diseñada para que no se resienta ante la ausencia de hombres clave. Así es, cae uno y otro asume sus funciones. En consecuencia poco cambio se puede prever, se ratifica esto en el discurso del presidente Uribe que ha enviado al nuevo líder de las Farc en mensaje de que lo perseguirán sin descanso.
Conclusión: aunque Cano sea parte de la llamada ala blanda o política de las Farc, la agrupación no cederá en su aspiración de tomarse el poder y por otra parte el gobierno Uribe proseguirá en su plan de extinción del terrorismo.
Las mentiras y verdades de parte y parte, el protagonismo mediático de Santos y Timochenco, hacen prever que además de la lucha armada, la lucha mediática seguirá siendo el campo de batalla hacia en la que lucharán por la credibilidad del mundo.
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