El panorama escolar en Boyacá no es alentador por que no lo es en Colombia. Este país, en el que los menores tienen comportamientos cada vez más violentos y fuera de toda lógica educativa, es permisivo con los menores infractores y ellos lo saben. No sólo conocen las flaquezas de la ley, sino que la violan sistemáticamente.
No hay códigos de convivencia que puedan, contra el derecho al libre desarrollo de la personalidad y por ese boquete, drogas, armas y sexo han entrado sin control en las aulas escolares.
Pero no es sólo un problema de los menores, por otro lado está la corrupción de los adultos: profesores y padres de familia.
En Boyacá se sabe de tiempo atrás que hay menores infractores y profesores acosadores. Una muestra fehaciente parece haber sido la muerte del profesor Jairo José Ayala del Inem de Tunja en momentos en que se encontraba con una menor en su vehículo, en una zona apartada de la ciudad.
Maestros corruptos y acosadores deben ser castigador son todo el peso de la ley y los padres no debe dudar a la hora de denunciar cuando sus hijos son acosados.
La ley no es fácil de modificar, las libertades no pueden ser coartadas, entonces ¿qué hacer?
Parece que la respuesta estuviera, aunque suene a lugar común, en el hogar. Los valores con que se forme a los niños serán lo único que puede hacerles reflexionar sobre si cometer o no una falta cuando sean adolescentes. A ser capaces de entender que estudiar honestamente es mejor que “darlo” o “amenazar” por una nota.
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