EDITORIAL | Semana ¿santa?

Dándole una mirada al pasado se puede apreciar con claridad el por qué a esta semana, tradicional entre los católicos, ya no debería considerársele como “Santa” sino como una simple época vacación.

Mientras medio siglo atrás, sólo por poner un precedente, los boyacenses vestían de luto y guardaban silencio en días como el “viernes Santo”. En 1931, cuenta Guillermo Plazas Olarte, en Semana Santa “todo invitaba a la meditación: clases, oficios, pláticas – y continúa – el viernes santo era todo tristeza y todo desolación.

Desde el alba hasta el anochecer recitábamos la antífona: Cristo se hizo por nosotros obediente hasta la muerte y muerte de cruz”.

No es que queramos hacer apología a las camanduleras, pero se ve claramente cómo han cambiado las cosas. Hoy en día es posible ir a cualquier bar, restaurante, cine, centro comercial para dejarse de aburridos sermones y disfrutar de la vida y el descanso.

Pero ¿es eso lo que se pretende al conmemorar la muerte del Cristo en la cruz?.

Ese cambio tan acelerado en el estilo de vida, en la espiritualidad y en la apertura a la libertad de culto, bien puede servir para que de una buena vez por todas, la pretendida Semana Santa cambie de nombre y de intención.

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