Desde el pasado miércoles Colombia está en vilo, esperando la codiciada liberación de tres secuestrados.
Lejos queda la repudiable política, esta vez los mandatarios de Colombia y Venezuela, demostraron que un gesto humanitario no es un imposible. Dejando a un lado sus diferencias y procediendo con claridad, se ha puesto en marcha un operativo, que finalmente se activó el viernes.
Cada minuto que pasa parece una eternidad, la demora en el despegue de las aeronaves, llena de incertidumbre a quienes esperan.
Pero aunque pasen algunos días de más, el hecho de realizar la intervención es un poderoso aliciente para los secuestrados y sus familias, no sólo para los que van a volver a la libertad, sino para todos los que aún quedan en cautiverio.
Es un brote de esperanza, un asomo del sí al intercambio.
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