A pesar de que el debate sobre la parapolìtica resultó ser un verdadero ejemplo de lo que es la democracia y de cómo desde la oposición se puede generar un debate positivo.
Lo que resultó insólito la reacción del presidente Uribe, ante la floja defensa que sus escuderos realizaron en el Senado.
Uribe salió a defenderse ante un grupo de periodistas, escogidos a dedo, y al día siguiente repitió la fórmula en Estados Unidos.
¿Pero realmente qué le quedó al país? No mucho. Han sido tantos datos, tantos ires y venires, qué Colombia terminó sólo por saber cuál es la historia familiar del Presidente y por ver las fotos y vídeos del Petro guerrillero.
Pero tal vez el país necesita que Uribe se desvincule de aquellos grupos políticos infectos de paramilitarismo y narcotráfico, que el gobierno asegure que la ley de “justicia, paz y reparación” no sea una ley de indulto. Que Petro rechace con la misma vehemencia el actuar de los guerrilleros.
Al colombiano del común le importa un bledo que Al Gore no acepte sentarse junto a Uribe, poco le interesa si el presidente es o no paramilitar, lo que interesa al colombiano es tener trabajo, salud, educación y vivienda. Si el Estado colombiano cambia el rumbo y sale de esta humareda en la que está metido, tal vez logre darse cuenta dónde están realmente los temas por los que debe preocuparse.
Uribe ha demostrado como ningún otro, ser un trabajador formidable, y ese trabajo no debe perderse en debates que no remedian nada.
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