La canciller colombiana María Consuelo Araujo declaró ayer, que a pesar de la escandalosa relación de su padre y hermanos con la parapolítica, ella continuará en el cargo, gracias al apoyo del presidente Álvaro Uribe.
Justo en el momento en que la Corte Suprema ordenó la detención del congresista Araujo, cuando el país esperaba que con dignidad ella se hiciera a un lado, oímos estupefactos que “con alegría” continuará en el cargo.
Nadie le niega méritos y mucho menos se la relaciona con la conducta de sus familiares, pero el ya manchado nombre de Colombia, ahora tiene que cargar con el lastre de una Canciller emparentada con “presuntos cómplices de masacres”.
El único beneficiado con esto sigue siendo el presidente que aleja de si el escándalo y las miradas inquisidoras que ansían conocer la verdad del paramilitarismo en Antioquia.
La Conchi como escudo puede ser efectiva para distraer la atención y a este seguirá cualquier otro “bochinche” como las declaraciones del proceso 8.000, cualquier cosa que aleje a los curiosos medios sensacionalistas de las relaciones del paramilitarismo y la política antioqueña.
Debiste haberte ido Conchi.
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