Esta semana finalmente se entregaron a las autoridades los tres "políticos" cuya detención fue solicitada por la Corte Suprema de Justicia.
Con estos tres "paramentarios" (como bien los llamó el diario El Tiempo) empieza un capítulo de novela negra en la historia de Colombia.
Asustados, imputados y acusados parecen ser los estado que padecen por estos días todos los políticos "con rabo de paja".
No deja de ser extraño que el senador Araujo haya salido, sin que nadie se lo pidiera, a dar explicaciones casi amenazantes. Muestra clara de el estado de nerviosismo que sufre la clase dirigente.
Peor aún resultó el discurso de presidente en el cual, en lugar de afrontar la realidad de sus mandatos, acusó a los mandatarios de pasado de permitir la infiltración del narco-paramilitarismo en la vida política de Colombia.
Esta situación nuestra es consecuencia de la falta de autoridad, éticamente limpia, que sea capaz de sanear la podredumbre que desde los años 50 del siglo pasado se apoderó de Colombia.
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Tema más amable resulta la clasificación del Boyacá Chicó a los cuadrangulares finales del fútbol profesional de Colombia.
Esta alta inversión hecha por la gobernación, al traer y financiar a un equipo que de haber seguido en Bogotá habría fracasado económicamente, está arrojando sus frutos en buena imagen y publicidad para el departamento.
Nadie pide que Boyacá-Chicó sea campeón, lo que si esperamos es que tenga una destacada actuación, que reinvierta en Boyacá y que abra escuela para dar oportunidad a los futbolistas boyacenses.
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