Opinión | Y entonces... ¿Por quién?

Opinión | Y entonces... ¿Por quién?

César Rodríguez Granados | Quienes por más de cuatro decenios hemos ejercido el periodismo en la provincia colombiana, ceñidos a la observancia de principios y normas rectoras como la verdad, la objetividad, el respeto a la honra ajena, la inviolabilidad de la intimidad personal, la responsabilidad social y el servicio del bien común, nos horroriza el manejo informativo que la mayoría de la radio, la prensa y la televisión capitalinas le ha dado a la campaña presidencial del 2014.

En estos momentos, no importa quién lo diga, cómo lo diga o con qué intención o veracidad lo diga, simplemente, lo publican, sin medir las consecuencias de semejante irresponsabilidad mediática.

Nuestra escuela, durante 35 años, estuvo dirigida por el maestro del periodismo don Guillermo Cano Isaza, quien pagó con su propia vida lo que enseñaba y aplicaba en el día a día de la información desde las páginas de EL ESPECTADOR, Dios lo tenga en su Gloria e interceda para que el periodismo capitalino corrija el rumbo y nos vuelva a servir de guía para el bien de la sociedad colombiana.

A pocas horas de que se inicie la primera vuelta para elegir a uno y/o dos de los integrantes del quinteto de aspirantes a la Primera Magistratura de Colombia, ese 49.24% del potencial electoral (14´764.362) que intervino en la primera vuelta del 2010 (30 de mayo), habrá cambiado y en mucho su criterio para participar en el 2014 y escoger al que más le convenga a la salud de Colombia.

¿Aumentará la abstención que hace cuatro años fue del 50.76%?  Para el 2014, un total de 17.129.768  mujeres y 15.845.390 hombres tienen en sus manos el poder de cambiar las costumbres políticas de la Nación a partir del 25 de mayo o continuar con lo mismo, con el caciquismo que invalida la confianza en la justicia  y preserva la corrupción en las entrañas del Estado.

¿O será que, y, durante los próximos cuatro años esos 32 millones 975 mil 158 ciudadanos con derecho al voto ejercerán día y noche y en cualquier lugar su deporte favorito: quejarse por todo y para todo, sin hallar remedio a sus crecientes males en la prestación de los servicios de salud, educación,  infraestructura vial y transporte?
Y, por culpa de su indecisión electoral para escoger un buen conductor de sus destinos, ¿deberán continuar asumiendo  en carne propia los efectos de la violencia urbana y rural, del desempleo y la carencia  de políticas de Estado que garanticen una mejor calidad de vida para todos los estratos sociales?

En nuestras manos está poner remedio a tantos y tan grandes males, acabar con las epidemias generalizadas de la politiquería, el caciquismo, el enriquecimiento ilícito, la corrupción pública y privada, y, para ello se requiere en la Casa de Nariño de un Jefe de Estado sin palideces, con una clara visión para la ejecución de los más nobles y generosos postulados  de su misión como Mandatario de los colombianos.

¿Por quién votar? La tempestad electoral que acompaña a los comicios del domingo 25 de mayo, no ha permitido ver ni escuchar lo que más convenga al bien común, ni discernir lo verdadero de lo falso, como tampoco escoger un nombre que garantice nuestros anhelos de bienestar general, de un progreso que marche a la par con la protección del medio ambiente, un desarrollo económico sin privilegios particulares, un sistema tributario justo para ricos y pobres, el rescate del campesinado colombiano, unas relaciones internacionales con claras políticas que protejan la economía nacional y su soberanía en todos los ámbitos.

El ciudadano del común incontaminado por las cinco campañas, a menos de 72 horas de comenzar la elección presidencial, no atina a escoger un aspirante sin mácula en su vida pública, así las encuestas digan tantas cosas buenas y malas de y para unos y otros, respectivamente.

Y, entonces…¿por quién?

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