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A pesar de que contamos con más de 22 millones de hectáreas con vocación agrícola, solo utilizamos entre 5.2 y 5.3 millones y la agricultura que ha llegado a participar en el PIB hasta en un 15%, ahora solo llega al 9%, colocándose en la de menor inversión y crecimiento en América latina.
La pobreza rural por ingreso, está en el 46.8%, creció el 0.7%, los agricultores somos 1, .64% más pobres que el promedio nacional. De manera que si un pequeño agricultor en una hectárea de tierra, logra obtener ingresos de un salario mínimo mensual, a duras penas estará consiguiendo el pago de su trabajo ¿Dónde está la recuperación de la inversión? ¿Dónde está la rentabilidad del negocio? ¿Cuántos agricultores logran esto? ¿Dónde están las magníficas oportunidades del TLC?
Sin embargo se ha demostrado que el pequeño productor, es más competitivo por unidad de área, pero el menos que recibe compensación por su trabajo. Si analizamos el comportamiento de algunos productos representativos, en este año del TLC, vemos que ni café que es el mejor producto nacional posicionado en el mundo, ha tenido buen repunte; Colombia ha llegado a una producción de más de 14 millones de sacos, este año estuvo en menos de 8 millones de sacos, con costos de producción por carga que superan los $600.000, lo que ha ocasionado pérdidas para los productores entre 40 y 110.000 por carga y la perdida de espacio en el mercado internacional.
En Maíz a pesar de que se han mejorado las producciones por hectárea, y obtenemos buena calidad, no es negocio vender el grano a $600 kilo, con tendencia a la baja, que se puede agravar aún más si se negocia mal en la alianza del pacífico; hoy se está importando a $693 kilo, puesto en Bogotá.
El mercado de tierras, no funciona y se propicia la inversión extranjera para que grandes multinacionales, compren importantes áreas desplazando a los agricultores Colombianos.
De manera que no nos alienta la noticia de que se están vendiendo muy bien en el extranjero: series amarillistas de televisión, predicciones del horóscopo y algunos subproductos industriales; si lo que necesitamos es garantizar nuestra comida. Como conclusiones:
1.- No podemos ser competitivos, sin focalizar el desarrollo rural, en cada población objetivo ni comprometer la participación comprometida del estado y el sector privado en el desarrollo rural Integrado.
2.- No existe labor de liderazgo, ni coordinación entre entidades del sector agropecuario y los gremios no representan adecuadamente a los productores afiliados.
3.- Colombia no ha sido capaz de compensar el fenómeno de la revaluación, La asignación de recursos para el campo sigue siendo irrisoria, frente a la importancia del mismo y las negociaciones ambiciosas, terminan beneficiando a agricultores extranjeros.
4.- Es nula la presencia del estado a nivel territorial y los apoyos no llegan a los pequeños productores, no se mejora la distribución del ingreso, ni la sobreexplotación de los recursos naturales.
5.- No seremos competitivos, sin reducir costos y mejorar productividad, además sin información y adecuada comunicación el reto para la reactivación del campo colombiano es mucho más complicado.
6.- no tenemos una institucionalidad que determine, defina y reglamente el uso de los suelos. Continuamos pagando el costo del conflicto, no se valora el capital social y el gobierno continuo negociando lo que es de los agricultores.
7.- Las reformas agrarias han sido motivadas con intereses políticos, el estado ha entregado tierras mal asignadas y La redistribución de la tierra no es procedente solo por vía administrativa sino por efecto de un mercado democrático eficiente.
8.-No se vinculan los pequeños productores al desarrollo de la agricultura, ni se ofrecen los servicios integrales para el desarrollo rural, con extensión rural y avanza más la revolución de los celulares y las motos que la modernización de la agricultura.
9.- Tenemos serias falencias en: Riego, asistencia técnica, política fitosanitaria, servicios de financiación, reducción de costos, infraestructura vial, de almacenamiento y adecuación de productos, comercialización, no se prioriza el gasto público ni hay adecuada planificación para la inversión.
10.- Así podemos durar otros 20 años preparándonos para competir y no lo logramos si El desarrollo de la agricultura no se basa en la economía familiar, respeto, aprecio y dignificación del trabajo en el campo con enfoque de verdadera paz.
¨Cualquier cosa que se planta, se cosecha dice un proverbio Afgano. Ahora, Trabajamos más, competimos más, pero ganamos menos o simplemente no ganamos, porque la agricultura dejó de ser negocio¨.
Darío Álvarez Morantes
Dirigente Gremial
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