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Fue una falacia, la inscripción de Colombia en los mercados mundiales, al contrario de lo proyectado, disminuyeron comparativamente las exportaciones y aumentaron las importaciones, inundándonos con mercancías extranjeras y desestimulando totalmente la producción nacional; se corre el riesgo de perder en poco tiempo lo construido en tantos años de titánicos esfuerzos; las grandes potencias imponen la apertura de nuestros mercados pero no abren los suyos y, en esa aplicación de la ley del embudo sale maltrecha nuestra sensible economía agraria, como si importaran más los productores foráneos que los nuestros..
Para los productores rurales y los asalariados agrícolas, los últimos años han sido catastróficos.
A los diferentes tipos de violencia que han debido soportar se ha sumado el incremento en los impuestos y los costos de producción, la avaricia del sector financiero y las industrias, el cambio climático, las injustas condiciones de mercadeo y la desatención del estado. Solo queda la movilización de las fuerzas populares para conseguirá echar atrás las medidas de descarada intermediación y rescatar el control del mercado interno para nuestra gente.
Los agricultores de extremo minifundio, en Colombia y particularmente en el departamento de Boyacá, además de los inconvenientes que sufren los demás productores tenemos los siguientes agravantes:
1.- No somos escuchados por el gobierno nacional porque nuestras áreas no son significativas para cuantificar volúmenes de producción.
2.- No estamos organizados, ni tenemos poder de negociación.
3.- Se nos dificulta más la comercialización de nuestros productos porque sacamos al mercado gradualmente, las cantidades dispersas que necesitamos vender, para adquirir artículos de primera necesidad.
4.- la mayoría de nuestra producción la auto consumimos para garantizar nuestra seguridad alimentaria.
5.- Los gremios no nos ven como importantes porque disque no aportamos mucho como cuotas de fomento.
6.- Se nos dificulta el acceso al crédito por las garantías exigidas y nuestro bajo flujo de caja.
7.- Sobrevivimos con gran dificultad porque adolecemos de los servicios básicos, lo que nos mantiene por debajo del promedio de la línea de pobreza y el gobierno continúa otorgando apoyos a dedo, en lugar de una adecuada inversión social en el campo.
8.- Escasea la mano de obra en el campo y como si fuera poco el gobierno se lleva nuestros jóvenes trabajadores para el servicio militar.
9.- Se nos dificulta la modernización de nuestras producciones por el alto costo de la tecnología.
10.- No se reconoce ni se valora nuestro trabajo ni nuestras costumbres, lo que está acabando con nuestra identidad socio cultural.
Pero quien lo creyera, tenemos también algunas ventajas como las siguientes.
1.- Manejamos intensivamente el suelo, pero conocemos nuestra finca al dedillo, diversificamos y cuidamos los recursos naturales y el medio ambiente.
2.- Aplicamos técnicas de producción cada vez más limpia para ofrecer productos de buena calidad con garantías de calidad e inocuidad.
3.- Disfrutamos de las bellezas del campo, somos buenos trabajadores, valientes hasta para aguantar hambre y no somos una carga para el estado.
4.- Con orgullo cuidamos nuestro país y apreciamos nuestros productos como fuente de nuestra seguridad alimentaria.
5.- Somos pobres, pero sencillos, nobles, honestos y buenos trabajadores.
6.- En poca área de tierra nos acomodamos muchas familias que también demandamos gran cantidad de productos y servicios.
7.- No tenemos tanta contaminación, respiramos aire puro, tenemos menos vicios y estamos en continuo contacto con la madre naturaleza.
8.-Gastamos menos, producimos más y no andamos tan estresados.
9.- No tenemos pereza, creamos los ambientes ecológicos y fortalecemos la unión familiar.
10.- Consumimos comidas sanas, hacemos ejercicio y cultivamos paz.
De modo que el gobierno debe pensar en reactivar el campo con políticas integrales de desarrollo y aprecio por las comunidades rurales como:
1.- Facilitar y subsidiar el manejo adecuado de suelos aguas y demás recursos naturales para aumentar la productividad y reducir el impacto al medio ambiente.
2.- frenar las importaciones masivas de productos agropecuarios, condicionar a las industrias para que compren producción nacional a precios justos y combatir el contrabando.
3.- Facilitar la reducción en costos de producción, si desea nuestra competitividad y sostenibilidad.
4.- Garantizar la comercialización y fomentar el consumo de productos nacionales, aplicando precios justos y estableciendo nuestra agricultura como “seguridad Nacional”.
5.- Dotar al sector agropecuario de maquinaria, equipo e infraestructura de transporte, almacenamiento y adecuación de productos.
6.- Condicionar a los bancos para que prioricen la financiación del sector agropecuario, con créditos ágiles, suficientes, oportunos y con intereses blandos, reduciendo la comisión del FAG, Aboliendo los cobros pre jurídicos, aplicando realmente los incentivos y condonando intereses y parte de las deudas en casos especiales, para que el productor quede habilitado con el acceso a nuevos créditos y reinicio de su actividad productiva.
7.- Planificación de la agricultura, realización de una agenda interna real, Abolición de los apoyos a dedo, reducción de impuestos para el sector agropecuario, desarrollo de la verdadera inversión social en el campo.
8.- Prestación efectiva y eficiente del servicio de asistencia técnica y acompañamiento en la presentación u desarrollo de proyectos agropecuarios.
9.- Dignificación del trabajo en el campo, exclusión del servicio militar a los hijos de agricultores que están cultivando, capacitación continuada, para los productores del sector rural y Reconocimiento del salario para la mujer campesina, motivando su aporte al desarrollo rural.
10.- Controlar a los gremios para que funcionen en beneficio de los productores y no de intereses gerenciales o directivos.
No aprendimos de la pésima negociación del TLC con EE UU y vamos rumbo a otro fracaso peor con el acuerdo del pacífico.
“La inversión social en el campo no se debe hacer solo donde existen las grandes áreas de cultivos, sino donde están la mayoría de familias campesinas trabajando”.
Darío Álvarez Morantes
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