Por: Loyd | Los animales son creación de Dios. Esto es especialmente cierto para quienes están convencidos de la existencia de un Ser superior inteligente y amoroso que no dejó nada a la casualidad y que tuvo que haberlos creado con algún propósito sabio, permitiéndole al hombre servirse de ellos a fin de obtener alimento, vestido o sencillamente tenerlos como compañía.
Estas criaturas, inferiores a los seres humanos, pero no por ello merecedoras de un trato humillante y despiadado, han sido tradicionalmente objeto de múltiples formas de ser tratadas. Como mascotas, algunas gozan de una verdadera “vida de reyes”, pero otras corren con menos suerte y terminan siendo víctimas de la conducta feroz de sus propietarios o de otras personas que sin ninguna razón válida -porque no existe- las golpean, las aporrean y hasta las mutilan en actos brutales que atentan contra la vida de indefensos cachorros u otro tipo de animales.
Por estos días se han oído muchas voces a favor de las mascotas y otras tantas en contra del maltrato a las mismas, con ocasión del acto cruel realizado en 2009 por seis uniformados de la Policía en contra de un indefenso perro. El video de este atroz suceso salió a la luz esta semana y ha circulado a través de Internet generando el repudio generalizado de los ciudadanos.
Los animales son seres vivos con necesidades, sufren y sienten dolor cuando se les maltrata. Por ello, no hay derecho a que se les proporcione un trato indigno. El hecho ocurrido probablemente sea tan solo uno de los muchos actos insolentes que ocurren alrededor del mundo, y que quedan silenciados impunemente por la incapacidad inherente de las víctimas de quejarse o de reclamar un trato mejor. Sin embargo, esta no es una situación nueva. Hasta el sabio rey Salomón de la antigüedad escribió en sus Proverbios: “El justo está cuidando del alma de su animal doméstico, pero las misericordias de los inicuos son crueles”.
En muchos países existen leyes y sanciones en contra del maltrato a los animales para hacer valer su derecho a un trato decoroso. En otros como el nuestro, estas prácticas no pasan de ser una contravención. Aparte del escándalo mediático y las manifestaciones de profundo pesar, después de unos días o semanas se quedan impunes en el olvido.
Quizás una forma de contribuir a que estas conductas despiadadas se reduzcan es inculcando a los niños, desde su más tierna infancia, el valor precioso de la vida, incluida la de los animales. Así, podrán hasta desarrollar cariño hacia estos seres vivos y hacer del mundo un lugar menos peligroso para las mascotas, aprendiendo que el maltrato animal es una conducta reprobable desde todo punto de vista.
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