El Institulo Geográfico Agustín Codazzi detectó “serios impactos ambientales” los páramos de Santurbán, Almorzadero, Cajamarca, Las Hermosas y Guerrero.
El IGAC encontró graves impactos en estas áreas frágiles, asociadas a quemas a cielo abierto, agricultura artesanal, pastoreo y hasta caza ilegal de especies silvestres.
En las visitas de campo realizadas por el Instituto para elaborar el levantamiento semidetallado de los suelos en los páramos de Santurbán y Almorzadero (Santander y Norte de Santander), Cajamarca y Las Hermosas (Tolima, Quindío, Valle del Cauca y Risaralda), y Guerrero (Cundinamarca), el panorama encontrado fue más alarmante de lo esperado.
El IGAC realizó diversos muestreos y análisis en varios sectores de estos ecosistemas para evaluar las características y calidad de los suelos, lo que también le permitió analizar tanto los impactos ambientales negativos como positivos causados por la agricultura, ganadería, minería, desarrollo rural y pérdida de la biodiversidad.
Existen sectores en estos páramos donde reina la quema de coberturas vegetales para ampliar la frontera agrícola y cultivar o criar ganado, el reemplazo de frailejones para producir papa o cebolla, las excavaciones para las actividades mineras, el pisoteo de vacas en nacederos de agua y hasta caza ilegal artesanal de fauna silvestre.
En los muestreos de Santurbán, el IGAC detectó un 71 por ciento de impactos negativos (principalmente por las prácticas agrícolas que afectan especies vegetales nativas y la construcción de infraestructura y adecuación de vías), y solo un 29 por ciento de impactos ambientales positivos.
En Almorzadero se detectó un 64 por ciento de impactos negativos por el exceso de cultivos agrícolas; en Cajamarca y Las Hermosas, un 62 por ciento relacionado con la quema para la cría de ganado; en Guerrero se concluyó que la agricultura y la minería son los protagonistas de la pérdida de la biodiversidad, con un total de 47 y 17 impactos críticos respectivamente.
Para realizar este análisis, el IGAC interrelacionó los componentes biofísicos (hídrico, atmosférico, ecosistémico) y socioeconómicos del ambiente, con las diferentes acciones en relación al uso del suelo (agricultura, ganadería, minería, desarrollo rural), generando una aproximación al estado actual de los conflictos ambientales.
Además, el IGAC utilizó como herramienta una metodología basada en la Matriz de Leopold, adaptada a las metodologías del BID, Ecopetrol y Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sosteniblem y ajustada técnicamente para estudios de suelos.
Dicha matriz corresponde a una serie de recorridos de observación por cada plancha cartográfica, que incluyen una valoración de impactos en cada municipio presente en los páramos. El resultado final es una matriz de valoración de impactos con un diagnóstico ambiental preliminar, con relación a los suelos de la zona de estudio.
Según Juan Antonio Nieto Escalante, director general del IGAC, estos resultados no son un panorama general de la situación ambiental de estos ecosistemas, ya que los muestreos no se realizaron en la totalidad de su área, “pero sí son una evidencia de que estos ecosistemas están siendo afectados seriamente por las precarias prácticas agropecuarias, lo que pone en jaque la calidad de sus suelos. Si en tan solo unos muestreos de suelo encontramos tal afectación ambiental, es de suponerse que la situación general puede ser alarmante, aún más cuando el país se enfrenta a un fenómeno histórico de sequías”.
Páramo. Foto: IGAC
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