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Cusiana, la carretera sin fin...

Cusiana, la carretera sin fin...
Atalaya de César Rodríguez Granados
Por: César D. Rodríguez Granados | Pensando en su historial y en lo que ha simbolizado la Carretera del Cusiana para las regiones involucradas en su ruta, así como para el Autor de estos apuntes y para la mayoría de sus coetáneos, el balance general es deplorable, es deficitario al revisar las metas que sus iniciadores le fijaron. 

Su nombre no es sólo el homónimo del río que corre paralelo a su trazado hasta un poco más allá del casco urbano del Municipio de Pajarito, para adentrarse de ahí en adelante por tierras de Casanare al atravesar rumoroso la zona del piedemonte de los municipios de Recetor, Tauramena, Aguazul y, finalmente, silenciar su cauce al atravesar la llanura y unirse al Río Meta.

El nombre de Cusiana es una amalgama que suscita reacciones disímiles dentro de su contexto histórico, las cuales pasan por lo agradable, lo aflictivo y lo trágico, colmadas todas ellas de historias, leyendas, anécdotas y otros pormenores. Su nombre evoca recuerdos de esperanzas y frustraciones de varias generaciones de sogamoseños y casanareños.

Al considerar la mala suerte con que han corrido los afanes de los pobladores de las áreas rurales de Sogamoso, Aquitania, ---antes Puebloviejo---, Labranzagrande, Pajarito y Aguazul en Casanare,  se concluye y se materializa la imagen de un Estado colombiano indolente y discriminador, mucho más cuando se comparan las de la Carretera del Cusiana con las inversiones hechas en infraestructura vial en otras regiones,  iguales o menos importantes que la colindante con la vía que ha ocupado por más de un siglo la atención y los anhelos de centenares de miles que de haberse dado las cosas de  manera oportuna y definitiva serían hoy, generación tras generación, sus beneficiarios directos.

Si obras son amores y no buenas razones, en ese escenario vial y regional del Cusiana, como en ninguna otra parte, es evidente la abulia de sucesivos gobiernos nacionales, al cual más de resabiados en los estilos de dar la espalda a las peticiones, a los reclamos y, en últimas, a los graves problemas socioeconómicos surgidos allí por culpa del descuido y del atraso en que dejaron al corredor vial Sogamoso—Aguazul, se podría hasta decir, que como una política de Estado.

Si la Carretera Sogamoso – Aguazul es el trayecto más corto para comunicar al centro del país con Casanare, ¿cómo es que el Gobierno Nacional después de 120 años de comenzar su construcción no ha hecho lo indispensable para terminarla? ¿Por qué los candidatos a la Presidencia de República, al Congreso, a las asambleas departamentales de Boyacá y Casanare, a los concejos municipales y hasta a las alcaldías sólo retoman el tema vial del Cusiana como bandera en el transcurso de las campañas pre-electorales? ¿Por qué los Presidentes de la República sólo se contentan con apropiar partidas presupuestales que siempre son insuficientes frente al valor real de las obras requeridas para concluirla?

La respuesta es compleja y dolorosa en muchos aspectos. La primera gran verdad es que no habido hasta ahora voluntad política del Gobierno Nacional para terminarla y mucho menos para su mantenimiento. Pero, ¿por qué? La otra gran verdad, talvez la más dolorosa, es que no toda la culpa se le puede imputar al Estado colombiano, porque en un 99% ella obedece a la carencia de un bien cimentado criterio político ciudadano, aplicado al elegir a sus gobernantes y a sus representantes populares en las corporaciones públicas locales, departamentales y nacionales.

No se trata de escoger únicamente “doctores” sino personas de bien, candidatos de honestidad sin mácula, dueños del carácter necesario para no dejarse remolcar por los halagos del poder y defender sin titubeos el bien público, como patrimonio de todos y herencia política de cada región, de cada lugar.  De personas dispuestas a luchar en defensa de obras como la Carretera del Cusiana y tantas otras que en materia de infraestructura vial regional sólo han servido de señuelo para cazar electores. Acaso, ¿Será pedir mucho?

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