Poesía | Viaje de la luz

Viaje de la luz, Joaquín González Camargo
Empieza el sueño a acariciar mis sienes,
Vapor de adormideras en mi estancia
Los informes recuerdos en la sombra
Cruzan como fantasmas.

Por la angosta rendija de la puerta
Rayo furtivo de la luna avanza,
Ilumina los átomos del aire;
Se detiene en mis armas.

Se cerraron mis ojos y la mente
Entre los sueños, a lo ignoto se alza;
Meciéndose en los rayos de la luna,
Da formas a la nada.

Y ve surgir las ondulantes costas,
Las eminencias de celeste Atlántida,
Donde viven los Genios y se anida
Del porvenir el águila.

Allá rima la luz y el canto alumbra,
Aire de eternidad alienta el alma,
Y los poetas del futuro templan
Las cristalinas arpas.

Auroras boreales de los siglos
Allá se encuentran, recogida el ala;
Como una antelia vése el pensamiento
Que gigantesco se alza.

Allá los Prometeos sin cadenas
Y de Jacob la poderosa escala,
Allá la fruta del Edén perdida,
La que el saber entraña.

Y el libro apocalíptico sin sellos
Suelta a la luz sus misteriosas páginas,
Y el tabor del espíritu su cima
De entre la niebla saca.

Y allá Orbe de donde brota puro
El casto amor que con lo eterno acaba;
Allá está el ideal, allá voguemos,
Dad impulso a la barca.

Desperteme azorado... y ese mundo?
Para volar a él en dónde hay alas?
Interrogué a las sombras del pasado
Y las sombras callaban.

Pero el rayo de la luna ya subía
Del viejo estante de libros a las polvorosas tablas,
Y lamiendo los lomos de los libros,
En sus títulos de oro se miraba.

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