Opinión | Estación La Esmeralda

Opinión | Estación La Esmeralda

Daniel Quintero Trujillo* | Por la carretera que conduce al Rio Catatumbo se observaba en las noches el centelleo permanente en el cielo, muy cerca al territorio de la población indígena de los Bari, fenómeno que ellos asociaban  con la existencia de yacimientos de petróleo que abundan en la región.

En esa Zona, un grupo de Norteamericanos construyeron a comienzos del siglo XX, hermosas casas  de un piso, pintadas de blanco, con todos los servicios, en el sitio denominado La Esmeralda, ubicada a 30  kilómetros del municipio nortesantandereano de Convención; después de haber transitado por el pozo del Tuntún y el caserío  de la Esperanza. En ese lugar  instalaron  los balancines para  extraer  el  petróleo, que  luego conducían  por gruesas tuberías de acero al campo de Tibu, el crudo llegaba a dicha estación, desde donde era bombeado para cruzar los puntos más altos de la cordillera.

Los pobladores  de la región se desplazan en plan de turismo para observar desde lejos el área  de explotación, como si fuera un escenario teatral; pues mientras ellos vivían en condiciones de pobreza ,una nueva clase social conformada por hombres y mujeres altos, monos, profesionales en ingeniería de petróleo, mecánicos, electricistas, que hablan inglés ,tenían  las comodidades nunca vistas en la región, tales como neveras, ventiladores, luz eléctrica permanente producida por motores diésel, mientras el pueblo de noche se ilumina con lámparas de petróleo o gasolina.

La compañía petrolera  creó un modelo de urbanismo para que sus hombres y familias estuvieran a gusto en tierra extraña. El diseño de los campos  de trabajo era lo más parecido a forma como vivían en su país de origen. Por eso  crearon comodidades, para no salir  a  realizar compras.

La empresa era exigente en la puntualidad en el trabajo, la eficiencia y el respeto a la autoridad empresarial .Todos los días a las 7 de la mañana, se escuchaba  una sirena a altos decibeles indicando que los obreros de la compañía petrolera debían estar listos para entrar a las labores de explotación y a las 6 de la tarde ese mismo ruido se repetía, para recogerlos y ubicarlos en el  nuevo barrio obrero que construyeron  en un sector marginal de la población ,como nueva clase asalariada con servicios mínimos para vivir en condiciones aceptables: agua, luz, trasporte, salud, y comisariatos para hacer sus compras.

La explotación del petróleo  desarticularon  a muchos obrero  de las actividades rurales y los impulsaba hacia una nueva cultura de consumo que encontró expresión en los comisariatos de la empresa.

En  el año 1939  la compañía Petrolera  dio al servicio público la vía Convención-La Gloria, que permitió conectar a este municipio con El Carmen y el río Magdalena., transitadas por cerro tanques  y camiones de la empresa Catama ( Transportes del Catatumbo) que llevaban el crudo para las refinerías de Barrancabermeja y Cartagena., y materiales de explotación petrolera, que  los niños imitaban en sus juegos  fabricando carros de madera añadiendo tarros  vacíos semejante a los camiones cisternas.

En el Llano del Tabacal, las costumbres se alteraron, desde la instalación de los americanos, se abrieron cantinas y billares que daban rienda suelta a los trabajadores que  los fines de semana querían descansar de las arduas tareas del campo petrolero, consumiendo licores y escuchando rancheras que estimulaban el ánimo machista, para luego terminar en el Cinco Rojo o zona de Tolerancia.

En las escuelas los estudiantes se comunicaban  con sus amigos, con nuevas palabras como mister, Ok, Bye, que habían aprendido escuchando a los gringos, pero también a la hora del almuerzo cuando salían de la escuela, se agolpaban en las casas con zaguán donde  descansaban  desnudos en sus hamacas, para refrescar su anatomía, exhibicionismo que ocasionó problemas disciplinarios a niños inocentes, creando malestar en la gente que vivía alrededor, ya que  consideraban como conductas obscenas y solicitaron a las autoridades educativas que estudiantes mayores  acompañaran  a los infantes, con el rango de  vigilantes para evitar la observación  de estos  comportamientos.

Algo que nos ponía tristes, era presenciar como los campesinos que veían pasar los carros de la compañía, entre ellos una camioneta Ford modelo 56 color verde que llamaban la Lora, alzaban sus manos en señal de: ¡ pare y llévenos.! pero no era así, las órdenes de los americanos eran rígidas de no llevar a nadie que no fuera trabajadores, ya que se imaginaban  que los indígenas Bari, con hambre salían a la carretera a asaltar los vehículos de la Compañía petrolera; creencia  que los llevó a repartir  periódicamente alimentos  Esparcidos  en el aire por avionetas, con el propósito  que cayeran en las malocas de los indígenas.

Muy pronto aprendimos, que como hijos de campesinos  instalados en la aldea, vivíamos en desventaja con la nueva clase asalariada que tenían todo tipo de asistencia: club social, casinos y centros médicos con sus correspondientes dispensarios de droga, aspectos que carecía la comarca que vivían con calles empedradas, por donde pasaba ríos de agua sucias y los servicios sanitarios eran letrinas, ocasionando una epidemia que diezmo a la población infantil, viéndose obligadas las autoridades sanitarias de emprender una campaña de desinfección con DDT para combatir  los mosquitos que se habían propagado en la región.

Todo este cambio social comenzó con la aparición del petróleo en la región, explotadas por empresas como la Colombian Petroleum Company (COLPET) y a la South American Goud Oil (SAGOC)
Los órganos de poder municipal, departamental, nacional y las instituciones educativas fueron cómplices mudos frente a la política de explotación de los hidrocarburos, que cambio  las costumbres de la población cuyas vías a lo largo de los años seguían deteriorada e intransitables sin ninguna contraprestación, mientras en las zonas petroleras de México, EU  y Medio Oriente, se destinaban regalías para la pavimentación de las vías como también para incidir en una mejor calidad de vida de los habitantes.

La estación la Esmeralda fue  una pequeña muestra de cómo en nuestro territorio la explotación del petróleo desangraban la tierra  y obtenían grandes ganancias para las empresas extranjeras, mientras la población empobrecía, permaneciendo con mínimos servicios públicos.

Hoy la zona del Catatumbo espera  que el oro negro le proporcioné a los pobres el pan de cada día, a las carreteras polvorientas, el asfalto  que se les ha negado y una oración de paz a los territorios en conflicto.
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*Escritor de Cuentos Cortos.
Danielquintero47@gmail.com


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