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| Temístocles Avella Mendoza |
A Sogamoso
Lugar de mi nacimiento
La faz fulgorosa del astro del día
Ya se abre su senda dorada al cenit;
La atmósfera inunda de luz con sus rayos
Bajo ese almo pálio de limpio zafir.
Es la hora en que el éter, doquiera inflamado,
Envuelve entre oro su diáfano azul,
Y arranca topacios del solio divino,
Y arroja en la tierra su vívida luz...
¡Que miles de veces habrá aparecido
dorado aquel astro del mundo el confín!
¡Que miles de veces habrá derramado
Los aureos destellos que llegan aquí!...
Aquí cuyo ambiente suavísimo y puro,
Fue el aura primera que yo respiré;
Aquí, do estrechome mi madre en sus brazos;
Aquí, do arrullome mi padre también...
Aquí, donde forman mis tiernos hermanos,
En torno, unos de otros, pacífico hogar;
Aquí, do mi infancia me ofrece recuerdos
Que el tiempo en sus curso, jamás borrará...
Salúdote, oh, suelo del gran Sugamuxi
Do tantas bellezas natura hacinó!
Si no desatiendes de mi alma los ecos,
Acuérdate, oh, pueblo! que tuyo hijo soy...
Más, si esto pretendo con tanto entusiasmo,
No busco en tus fastos ni gloria ni luz:
Sean tuyas la gloria, la luz, la ventura;
Sean tuyos honores, grandeza y virtud!

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