Opinión | Del festival y sus bellezas

Opinión | Del festival y sus bellezas

Por Carlos Carreño | Se cerró un capítulo más del Festival Cultural más importante, en términos de recursos y difusión en los medios de comunicación, que existe en el Departamento, el Festival Internacional de la Cultura, un evento que nació con el interés de cultivar en la población boyacense el amor por las manifestaciones artísticas que le permitían tener acceso a experiencias estéticas trascendentes, para encontrarse como un ser boyacense dentro de la heterogeneidad universal.

Pero para nadie es un secreto que es un evento que dista mucho de los soñados por visionarios y soñadores de la poética existencialista como Gustavo Mateus Cortés, Dana Urgova, Lucho Buitrago, entre muchos  otros personajes vinculados al tristemente desaparecido Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyacá, que de alguna u otra manera se vieron envueltos por el calor de tan bella iniciativa.

El que acaba de terminar, volvió a recurrir al espectáculo, al ruidoso cartel estelar de famosos que vienen, cantan, alborotan y se van, sin dejar nada más allá de la boleta arrugada entre el bolsillo derecho y los suspiros de sus fans, al recordar esa “noche memorable” durante su recorrido rutinario dentro de  las peligrosas y asesinas busetas de Tunja, que como pesadillas atraviesan las mega perforadas vías de la cada vez más caótica capital boyacense.

No se puede negar que aun se guardan ciertos espacios, reducidos y confundidos, para aquellos que aun gustan del acercamiento sensible, pero cada vez son más opacados por tan brutal atropello a lo que debería ser la materialización palpable de la refundida política cultural del Departamento.

Para el caso de las Artes Plásticas, esta versión del Festival no fue muy afortunada que digamos, pues se vieron exposiciones desordenadas, mejor, espacios rellenados con obras, lugares que no comunicaban ni cautivaban, a pesar de los gritos desesperados de algunas obras de gran valía técnica, estética y conceptual, la ausencia de espacios académicos para el sector, cuyo interés va mas allá de la caricatura y la pedagogía, ya que los artista plásticos necesitamos de espacios para confrontar, para dialogar, para construir nuestra área del conocimiento, y el Festival es un escenario potencial.

La coordinación, en manos de un principiante, con el mejor de los ánimos pero sin experiencia, dio los frutos esperados, pues no estructuro un área solida, tan solo se fue por ramitas débiles, al invitar sin conocer, cediendo espacio para que el Teatro, la Danza y la Música salieran de nuevo a relucir, siendo para nosotros el papel de mero marco, el adorno, el acompañamiento.

La tan anunciada descentralización fracaso para el caso de Duitama y Chiquinquirá, en la primera por el irrespeto a los artistas quienes decidieron no montar por no contar con las garantías mínimas necesarias, y en la segunda, por el desastroso e irrespetuoso trato dado a dos artistas como Willie Hostos y Eusinio Tocarruncho, quienes, inexplicablemente, se vieron sometidos a montar sus obras en una carpa de feria, en medio del bullicio de llamadas a 150 pesos, ventas de llaveros, y mercachifles de toda índole, un capítulo para olvidar.

El irrespeto hacia las obras y sus artistas llego hasta tal punto de no contar con la asesoría de montajistas experimentados, lo que llevo a que artistas invitados con bombos y platillos para sustentar aquello de “internacional”, tuvieran que montar ellos mismos, por miedo a daños, que finalmente se dieron pero que por más que se reclamo nadie respondió por parte de la Secretaría.

Lo que más tristeza me dio, fue ver la desidia e ignorancia prepotente con que se manejo el Encuentro Departamental de Artes Plásticas y Visuales Boyacá 2010, creado por mi gracias al apoyo incondicional y decidido de un Director de Cultura, que como Juan Escobar Laverde, se atrevió a creer en procesos de largo alcance, para un área, que como las Artes Plásticas, siempre había sido vista como accesorio, pero que increíble y groseramente fue relegado en esta ocasión, a causa, al parecer, de calumnias mal intencionadas, producto de la mediocridad discursiva de un sector de nuestro gremio, incapaz de proponer, pero muy hábil para destruir.

Se rompieron todos los parámetros del reglamento, acudiendo a “expertos” desconocidos en el ámbito académico de las artes plásticas contemporáneas colombianas…pero que no hicieron curaduría, no estructuraron un argumento expositivo que articulara las obras, no emitieron actas firmadas donde aclararan sus criterios, dejando a la deriva obras de arte que debieron someterse a un sucio y andrajoso montaje, poco digno de sostener el dialogo entre  artistas importantes de nuestra zona.

Para los premios, se olvidaron del garante, y para la inauguración se les dio un trato de quinta a  los artistas, que con tanto ánimo continúan apoyando con su participación.

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