Desde el pasado jueves, cuando la Revista Cambio reveló el regalo de recursos del programa Agro Ingreso Seguro a algunos “pudientes empresarios del campo”, en este país no ha habido más tema de conversación en los medios.
Evidentemente es un exabrupto que el dinero del Estado se esté dilapidando para hacer más ricos a los ricos. Pero lo que no se entiende es el asombro. Este es un país hipócrita que desconoce su propia historia.
Los políticos que atacan al gobierno, desde la oposición democrática, se benefician del pago por los votos de sus consultas, que se realizaron el pasado fin de semana, y nada dicen del dinero que la Registradurìa echó a la basura imprimiendo tarjetones para unos votantes que nunca llegaron a las urnas.
La entrega de beneficios a la clase pudiente es un asco, pero no es nada nuevo. Cientos de empresarios se benefician de descuentos en impuestos, contratos y auxilios. La clase política y sus familias han disfrutado por cientos de años del saqueo al erario. Algunos “grandes” periodistas se han hecho a emisoras que les representan jugosos ingresos, por defender a los gobiernos de turno. Ejemplos de doble moral no cabrían en este editorial.
Lo importante no es el escándalo por la entrega de beneficios, lo crucial es que se conozcan estos hechos, que quienes están comprometidos paguen, no sólo el precio político, sino que sean juzgados y paguen por sus faltas.
De todo esto lo que resulta inaceptable es la hipócrita postura de quienes, beneficiados en otras épocas, ahora censuran, critican y juzgan.
Colombia, para cambiar, debe empezar por dejar de ser un país hipócrita y escandaloso.
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