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Director: Nelson Alarcón
Reestablecido el dominio ibérico, ocurrió un segundo y definitivo intento de libertad encabezado por Simón Bolívar quien, en 1819, realizó la "Campaña Libertadora", que tuvo como resultado la definitiva salida de los españoles del país.
Hasta aquí la historia no se diferencia en mucho de la de cualquier país del mundo que haya luchado por la libertad. La diferencia radica en que a partir de la emancipación comienza un camino de guerras civiles, que continúa hasta los actuales días.
A lo largo del siglo XIX y hasta comienzos del siglo XX, hubo en Colombia once guerras civiles propiciadas en su gran mayoría por intereses personales de los dirigentes políticos y militares que trataban de imponer su sistema de gobierno preferido; diferencias que a la larga, propiciaron la separación de Panamá.
Como si no fuera suficiente la guerra y la violencia al interior del país, Colombia ha participado en guerras internacionales. Dos guerras contra el Perú (1827 y 1932); una contra el Ecuador (1830); otra contra Alemania (1942); y la Intervención en Corea (1951).
A lo largo del siglo XX, la guerra entre los partidos Conservador y Liberal, conocida como "la Violencia", desangró al país entre 1930 y 1948. Tuvo incluso una radicalización tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, candidato liberal a la presidencia, el 9 de abril de 1948. Esta guerra bipartidista degeneró en violencia de estado ejercida por los conservadores, que ocupaban el poder, y que llevó a los liberales a organizar las primeras guerrillas que existieron en el país.
La guerra de las primeras guerrillas contra el Estado se detuvo en 1953, cuando se desmovilizaron, durante el gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla. Sin embargo, no todos los grupos se acogieron a las propuestas de paz del gobierno Rojas. Esos reductos dieron origen en 1958 a la guerrilla más antigua del mundo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); en 1964 al Ejército Nacional de Liberación (ELN); y a lo largo de los años 60 y 70, a grupos como el PCLM, M-19, EPL y Quintín Lame.
Estos movimientos guerrilleros han ejercido una violencia tenaz contra las instituciones democráticas de Colombia, secuestrando y asesinado a civiles a lo largo de cerca de cincuenta años. En los 80 surgieron, ante el fracaso de las fuerzas estatales para combatir el terrorismo guerrillero y proteger a la población civil, grupos de Autodefensas y Paramilitares, que han ejercido una guerra frontal contra los guerrilleros y, al igual que éstos, masacrando y pisoteando los derechos de los civiles.
A este escenario de guerra hay que añadir el elemento que financió y degeneró los movimientos guerrilleros y de autodefensas: el narcotráfico. Millones de dólares ingresaron a partir de los 80 a las arcas de los movimientos subversivos colombianos, lo que financia la compra de armas y el sostenimiento de estos grupos.
Pero el papel del narcoterrorismo no ha sido sólo la financiación de guerrillas y autodefensas, sino su nefasta inserción en la vida política y económica del país, además del terrorismo que durante los 80 y 90 ejerció contra quienes se le opusieron. En este periodo fueron asesinados los candidatos a la presidencia Carlos Pizarro, Luis Carlos Galán y Bernardo Jaramillo, y muchos otros dirigentes y periodistas que denunciaron la infiltración del narcotráfico.
En la actualidad, Colombia sigue siendo asolada por la violencia de las guerrillas, que secuestran y masacran civiles a diario y, aunque actualmente existe un proceso de paz con las autodefensas, éstas persisten en la violencia y el narcotráfico. Este país tiene al año un promedio de 20.000 muertos por causa de la violencia y la guerra entre del Estado contra los grupos subversivos y contra los carteles del narcotráfico.
Todo lo anterior demuestra que este país ha tenido muy cortos periodos de tranquilidad y paz. Las negociaciones que han terminado en procesos exitosos de desmovilización y pacificación no han redundado en verdadera paz y tranquilidad, ya que cuando un grupo que se desmoviliza y desocupa un territorio, éste, de inmediato, es ocupado por otro que continúa ejerciendo sus actividades allí.
Parece que la violencia es una característica inherente a nuestra
vida como nación, de la cual difícilmente nos podremos deshacer.
Tal vez, cuando desaparezcan las causas de la inmensa brecha en la repartición
de la riqueza, la corrupción de Estado, el narcotráfico y la
indiferencia de quienes no han sido tocados por la guerra, podamos encontrar
un camino de reconciliación que nos lleve a todos a trabajar por la
pacificación de nuestro territorio.
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