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Opinión | Reflexiones sobre las siete palabras

Darío Álvarez Morantes | El día viernes de la semana santa cuando conmemoramos la muerte de Jesucristo en la cruz, no hay nada que celebrar, pero si mucho que reflexionar, sobre el comportamiento de la humanidad a través de los tiempos y las enseñanzas que Dios siempre ha hecho trascender por medio de su palabra aún, en las situaciones más dolorosas como la pasión de su hijo.

Haciendo un sencillo análisis del significado de cada una de las siete palabras Jesucristo deja un mensaje claro de reflexión para pensar sobre nuestras acciones y comprometernos a cambiar en procura de la construcción de una verdadera sociedad fundamentada en principios y valores humanos para el fortalecimiento del tejido social que permita la sana convivencia.

Cuando exclama en la primera palabra: señor perdónalos porque no saben lo que hacen, realmente demuestra que las personas fácilmente nos confundimos y podemos actuar equivocadamente  perjudicando hasta nuestros propios compañeros, amigos o familiares, por la ausencia de un verdadero diálogo que permita el entendimiento, en una sincera comunicación, basada en la información suficiente de cada situación.

Si llevamos esta primera palabra a nuestra realidad política y social, muchos son los errores que hemos cometido  y pocas las soluciones concertadas que hemos logrado, para lograr el desarrollo del país con equidad, justicia, libertad, responsabilidad y compromiso, donde no solo se deben culpar a los gobernantes sino a nosotros mismos que como electores y nos labramos nuestra propia suerte.
En la segunda palabra: Hoy estarás con migo en el paraíso Jesucristo ratifica su voluntad de perdón, para con las personas que se arrepienten con el firme compromiso de no volver a pecar y reitera el compromiso de acogerlos en su reino después de terminar su vida terrenal, para ingresar a la vida eterna, motivando el cumplimiento de los mandamientos y preceptos de la Iglesia.

Al pronunciar la tercera palabra: Mujer he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre, resalta la importancia de la mujer en la familia y en la construcción de sociedad con calidad humana y recuerda la función de la virgen María, no solo como intercesora ante Dios Padre, sino como protectora y madre de todos los seres humanos, con los más altos estándares de amor, entrega, bondad, humildad y paciencia.
Recuerda el compromiso de los hijos con sus padres especialmente con sus progenitoras y muestra que no hay educación básica más importante, que la que se imparte desde el hogar en la recta formación de los hijos.

En la cuarta palabra: ¿Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado? Nos hace reflexionar en lo frágiles he insignificantes y vulnerables que somos ante el mundo, sintiendo miedo, desesperanza y hasta frustración en situaciones difíciles y muchas veces falta de tenacidad para salir adelante.
Nos da ejemplo del temor de Dios, que debemos mantener en nuestros corazones, para direccionar por el camino adecuado nuestras actuaciones, pero a la vez nos enseña la importancia del valor, para afrontar los problemas, cumplir a cabalidad los compromisos y sacrificarnos si es necesario en beneficio de los demás.

La quinta palabra Tengo sed, no solo muestra su condición de mortal, sintiendo los rigores del dolor y la deshidratación, sino que invita a plantear y analizar las falencias que tenemos en la vida por sed de amor, sed de perdón, sed de compañía, sed de comprensión, sed de equidad, sed de dialogo, sed de obediencia, sed de comunicación, sed de cooperación, sed de solidaridad, sed de gratitud, sed de responsabilidad, sed de fe, sed de caridad, sed de ser justos, sed de humildad, se de honestidad,  sed de rectitud, en fin de todas las ausencias de principios y valores que tenemos en nuestro desempeño en cada una de nuestras acciones con nuestros semejantes. Puntualizando un poco más nos pone a pensar en lo indispensable, en o imprescindible que es el agua para el sostenimiento y preservación de la vida en el mundo.

El esbozar la sexta palabra, Todo está consumado, Nos recuerda la importancia y satisfacción del deber cumplido, superando todos los problemas que se puedan presentar en el camino hacia el logro de los objetivos propuestos, abocando cada tarea, cada meta y cada propósito con toda la responsabilidad y  competencia. Nos enseña a cumplir con nuestros deberes para poder justamente reclamar nuestros derechos en una sociedad donde el mandamiento del amor debe ser la misión del tejido social y la visión de vivir en paz.

En la última palabra, Padre en tus manos encomiendo mi espíritu, nos enseña el privilegio de tener confianza, seguridad  y respeto por nuestros padres con el más alto sentido de lealtad y obediencia, convencidos de que la dignidad humana es muy compatible con los mandatos divinos.

La conclusión es que la religión debe contribuir directamente en la construcción del capital humano, pasando más de las oraciones repetitivas y sin análisis de su mensaje,  a las buenas obras y cambios de actitud necesarios para lograr la construcción de un nuevo país.

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