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Opinión | Mientras el Presidente impone y miente el pueblo aplaude

Darío Álvarez Morantes |  Ayer 14 de marzo del 2017, se despidió de su cargo el vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras.

En un acto orquestado por el presidente de la República, Juan Manuel Santos, donde fueron invitados, concejales, alcaldes, gobernadores, dirigentes gremiales, diputados, representantes a la cámara, senadores, ministros, gerentes de entidades y demás seguidores, para escuchar las proezas de la vicepresidencia, más como evento político, que de rendición de cuentas para el pueblo, que quedó sorprendido ante tantos logros, que supuestamente se obtuvieron, en una misión premeditada de gestión política más de responsabilidad del ministerio de vivienda, ciudad y territorio, que culmina en este pre lanzamiento de la impuesta candidatura de Vargas Lleras a la presidencia de la república para el próximo periodo.

Es aquí donde nace una nueva incertidumbre, donde no hay esperanza inmediata de cambio y el radicalismo prepotente amenaza sin piedad a las clases menos favorecidas, que podemos salir maltratados a coscorrones por el nuevo dirigente de nuestro país, que ya se considera como virtual ganador en la futura contienda electoral, con toda la maquinaria del estado puesta descaradamente a su disposición.

Los agricultores de Colombia, solo esperamos que la gente recuerde las mentiras del presente gobierno: que aseguró firmar sobre piedra o sobre mármol que no subiría los impuestos ni tarifas, que afirmó que el paro nacional agrario no existía, que prometió que el proceso de paz no era cuestión de años sino de meses, que aseguró conservar los bosques y proteger el medio ambiente, que prometió salud y educación con total cobertura y calidad, que aseguró que la venta de Isagen era un buen negocio para el país, que creyó que el pueblo colombiano apoyaría masivamente el proceso de paz de La Habana, que afirmó que millones de personas han salido de la pobreza, quien prometió que no habrá impunidad para las Farc y que entregaran todas las armas, que sostiene que nuestra economía es de las más prósperas de américa latina, que declaró que el escándalo de Reficar fue un error de planeación, quien afirmó desconocer que Odebrecht dio dinero en forma irregular para su campaña.

Lo malo de todo esto es que el pueblo simula indolencia, pero sufre las nefastas afectaciones y el continuo dolor por las condiciones de vida a las que hemos sido sometidos dentro de una total inequidad e injusticia social, donde el poder a cualquier precio marca su paso demoledor y la opinión del pueblo es desconocida totalmente.

Se aprobó a ultranza una reforma tributaria lesiva para los ciudadanos y beneficiosa para los grandes potentados y multinacionales, con desempeño en nuestro país, mientras que: los servicios, costos e impuestos ahogan a los más pobres dentro de un doble discurso, donde las maravillas de “todos por un nuevo país” no son congruentes con los procesos para lograrlo.

Hablando de un posconflicto cuando ni siquiera se ha consolidado la terminación real del conflicto, ni se han dado las soluciones para atacar las causas del mismo. Si analizamos algunos ejemplos sencillos veremos cómo se trata al pueblo colombiano: Un galón de gasolina tiene costos totales de $3.000 (1 dólar) pero según el gobierno debemos pagarla como si la importáramos o sea a $4.500 más los impuestos de sobre tasa, impuesto global, impuesto para que Ecopetrol continúe con las exploraciones y el IVA, resultando un precio acumulado especulativo entre $8.000 y $9000 por galón más el robo en las estaciones de servicio por reducción en la cantidad suministrada en cada tanqueo, ¡Justo!

Si miramos las estadísticas tributarias, vemos que el 80% de los impuestos los pagamos las clases trabajadoras vía IRPF y con cargas indirectas al consumo y en casos puntuales como la pérdida de la vivienda de una persona que no puedo pagar la hipoteca, tiene que pagar además impuestos por ¨dación en pago¨ ¿Justo?

Si Ud. pierde sus ahorros en una entidad financiera por falta de supervisión y control del estado, el ciudadano tiene que demandar para reclamar lo que le corresponde y pagar los impuestos correspondientes, porque el estado no reconoce la perdida que ha sufrido ni le garantiza su devolución, Además tiene que pagar porque se beneficien del manejo de su dinero y le entreguen menos de lo que ahorró. ¿Justo?

La persona paga impuestos por artículos de la canasta familiar, por servicios, por tener un vehículo así no lo use, por su casa, por su finca, por tener un lote de engorde, retirar dinero de su cuenta por tener un celular, por escuchar música, por recrearse,  por tener un salario etc.

Pero el estado no es tan diligente ni efectivo para combatir el fraude fiscal y las injustas exenciones tributarias de algunas empresas y mucho menos para combatir los malos manejos en la administración de los tributos que paga el pueblo Colombiano.

La constitución nacional establece que todos los ciudadanos debemos contribuir al sostenimiento de los gastos públicos mediante la tributación justa y equitativa, pero no se ve la reinversión de los recursos para el desarrollo integral de nuestro país, por causa de la politiquería y la corrupción.

Lo más seguro en la vida es la muerte y los tributos, pero lo más injusto es que los ricos son iguales a nosotros, a la hora de pagar sus impuestos.

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Excelsio, Primer Periódico Virtual de Boyacá - Colombia.

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