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Opinión | El banco agrario generoso y eficiente con los grandes y empresarios de Odebrecht

Dario Álvarez Morantes | Cuando inició actividades el Banco Agrario de Colombia, el 28 de junio de 1.999 con 738 sucursales, determinado en sus estatutos como empresa industrial y comercial del estado, con proyecciones de economía mixta, cuya función principal, era  el desarrollo del Sector Agropecuario y muy especialmente el impulso a las líneas de crédito para el pequeño y mediano productor, evitando todos los malos manejos y saqueos que habían ocurrido en la caja de crédito agrario industrial y minero, por delincuentes de cuello blanco politiqueros y corruptos.

Los productores volvimos a creer con una presunción de buena fe, que todo iba a cambiar gracias a Dios para bien del financiamiento y desarrollo del sector  agropecuario. Que decepción, el remedio salió peor que la enfermedad y esta nueva entidad a través de sus directivos resultó ser más politiquera y corrupta que la anterior, con excepción en su inicio quizá de su primer presidente el doctor Jorge Restrepo, que le dio vida jurídica, financiera y administrativa a este intermediario financiero y logró reactivar la confianza de sus clientes.

Pero vaya sorpresa, se iniciaron proyectos mal formulados y ajenos a la función del banco, se aprobaron salarios exagerados para el gerente general, demás gerentes muchas veces innecesarios y subgerentes sin funciones legalmente especificadas e iniciaron a funcionar nóminas paralelas. Se alquilaron 7 pisos del edificio Avianca para dejarlos desocupados por mucho tiempo, inicialmente por contrato de 29 millones de pesos y posteriormente de 60 millones de pesos mensuales.

Los señores miembros de la junta directiva devengan un platal por cada sesión, la gestión de correspondencia y archivo, y la plataforma para la seguridad bancaria o antifraudes, eran  un completo desastre, se han desconocido acciones de tutela para amparar a buenos funcionarios, los que finalmente fueron despedidos por no comulgar con los malos procedimientos y arranca una secuencia de contrataciones fraudulentas no solo de personal, sino de suministros y servicios de mala calidad, pero con altos costos.

Después viene el descalabro de agro ingreso seguro, el desembolso de subsidios a los floricultores todo, dentro de una mafia muy bien organizada donde los grandes dividendos que la entidad reporta anualmente nunca han sido consecuentes con la calidad y cubrimiento de los servicios del banco, que supuestamente hace crecer al campo.

"En la actualidad la Procuraduría anunció que investigará a la junta directiva del Banco Agrario por presuntas “irregularidades” en la concesión de un crédito a una sociedad de la que hacía parte la constructora brasileña Odebrecht. El Ministerio Público señaló que hay evidencias “suficientes” para abrir una investigación disciplinaria a la junta directiva de la entidad por autorizar en 2015 un crédito, “con posibles irregularidades”, de 120.000 millones de pesos a Odebrecht y a la Sociedad Navelena S.A.S., de la cual hacía parte".

“El partido Polo Democrático ha denunciado que el Banco Agrario financió a Odebrecht y a Navelena con una tasa de interés menor a la que se cobra a los campesinos colombianos que deben ser los beneficiarios de esta entidad”. Eso lo conocemos a través de los medios, pero seguramente nada pasara y ese dinerito que hubiera podido beneficiar a más de 24.000 pequeños productores con créditos promedio de 5 millones para sus actividades productivas, ahora es de difícil recaudo.

El banco con su avaricia por mejores dividendos ha incursionado en el mercado de libranzas con más de 500.000 millones de pesos que ahora también se encuentran embolatados en gran parte  y el carrusel de malos manejos continuos pero nadie dice nada, lo triste es que mientras el Banco Agrario es restrictivo y deficiente con el pequeño productor, el cual es  sometido  a intensa tramitología, exigencia de  más garantías de las convencionales, aplicación de seguros adicionales, reducción de las cuantías solicitadas de los créditos o negación después de adelantado el trámite por más de tres meses, con la excusa de que está mal hecha la planificación, que  el flujo de caja no da para pagar o el proyecto tiene deficiencias técnicas y dilatación de trámites para mantenerlo suplicante a la expectativa para finalmente decirle despectivamente que no es sujeto de crédito y cuando el crédito se vence le cobran pre jurídicos.

Con grandes productores y multinacionales como Odebrecht el banco es generoso y eficiente como lo denuncia el polo democrático, no hay recomendaciones que valgan, el trámite es recomendado y muy ágil y las tasas de interés son las más beneficiosas del mercado.

Lo anterior me hace recordar, la pelea que sostuve con la gerente regional, Ángela Patricia Ortiz de Ruíz, durante los años 2012 y 2013, por sus continuas y lesivas políticas impartidas en la regional oriental del Banco Agrario, en contra de empleados y agricultores: los primeros humillados, acosados, condicionados por la necesidad del empleo y perseguidos aún después de ser despedidos y los segundos mal atendidos, con dilatación de los procesos, adición de requisitos, cobros irrespetuosos y a deshoras, con apertura de cuenta de ahorros en las que no se puede ahorrar, con pérdida de incentivos por negligencia del banco, con demostración de que no tiene endeudamiento con ningún otro banco o micro financiera o cooperativa de ahorros.

Me reiteré en todo lo dicho ante la oficina de control disciplinario interno en Bogotá con todos mis argumentos y lo único que me dejaron claro, fue que una persona no podía ser investigada dos veces por la misma causa, por eso ni acudí a la fiscalía ni a la procuraduría y la señora Ortiz de Ruiz continua como si nada abusando de su poder y cambiando empleados por  conveniencias políticas para seguir con su estabilidad laboral, desde la cuota de los alcaldes hasta la de los políticos de turno, sin importar el daño a las familias de empleados honestos que sufren su acoso laboral y despido sufriendo su implacable persecución aún después de haber salido del banco.

Este es un ejemplo claro del proceder del banco que mantiene a la gerente en cuestión como la adalid de la institución con facultad para imponer su voluntad a nombre del banco agrario de Colombia, donde el fin justifica los medios, sin importar el bienestar de los productores agropecuarios, lo que hace pensar que en las investigaciones pendientes pasará lo mismo.

Es tal la negligencia del Banco Agrario en esta regional oriental y más aún en la zonal Garagoa, que los gerentes ni siquiera tienen conocimiento de las políticas generales de crédito y reglamentaciones de Finagro, sino que se rigen por lo impuesto internamente en la regional oriental, muchas veces como modelo nacional, para dar información solo fragmentada, estigmatizar clientes, no explicar a los productores los beneficios de apoyos e incentivos,  y hasta ordenar a los empleados, la prohibición de la relación de trato con algunos empleados de entidades que les compiten, que tiempos atrás fueron despedidos del Banco Agrario ¡Que bajeza!.

Los agricultores de Colombia y en especial los del departamento de Boyacá, somos extremadamente nobles, decentes, tolerantes, conformistas, buenas gentes y buenas pagas, lo que permite al Banco Agrario  presentar siempre resultados exitosos, no por la gestión de sus gerentes, sino por la excelencia de los clientes, que somos los agricultores, que aunque en ocasiones no obtengamos rentabilidad o aun asumiendo pérdidas en nuestras explotaciones agropecuarias, con sacrificio pero con dignidad, respondemos con el cumplimiento de nuestras obligaciones financieras, demostrando un excelente hábito de pago con el que sacan pecho algunos gerentes regionales a nivel nacional por su gestión.

Por lo tanto no hay derecho a que el banco que Supuestamente hace crecer al campo, ejerza políticas negativas en contra de los  pequeños productores mientras despilfarra el dinero a manos llenas en actos de politiquería y corrupción. La señora Ortiz de Ruiz continúa con la licencia para humillar, acosar, maltratar e imponer su voluntad, siempre y cuando las utilidades del banco crezcan progresivamente, de modo que ¡el fin justifica los medios! y para el agro ¿cuándo llegará el remedio?

La paz en Colombia es una necesidad colectiva, pero no se consolida por decreto ni con shows publicitarios, es preciso resolver los problemas causa del conflicto y posteriormente si hablar de posconflicto e implementar las acciones pertinentes para lograr los objetivos propuestos, de manera que no ensillemos antes de traer las bestias, manteniendo al pueblo en vilo dentro de un mundo irreal, donde se habla de paz y todos los días muere gente a causa de la guerra sin sentido, que solo cesará cuando haya verdadera democracia, equidad, justicia, empleo, desarrollo rural, sentido de pertenencia, respeto, honestidad, impuestos justos no para llenar los bolsillos de los ricos, sino para reinversión social y rescate de los derechos y valores humanos empezando por un buen ejemplo del gobierno.

“Nuestro problema actual es que no podemos vivir sin los bancos, los bancos no pueden vivir sin nuestro dinero, pero a la hora de repartir utilidades el cliente,  gana un poco menos que cero”.

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Excelsio, Primer Periódico Virtual de Boyacá - Colombia.

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