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Opinión | Héroes que ignoramos y villanos que adulamos

Darío Álvarez Morantes* | Lo más claro en el dilatado e imperfecto proceso de paz que se está adelantando con las Farc, es que se aplaude a promotores y a opositores sin conocer de fondo los contenidos premeditados a conveniencia en los acuerdos, que pueden fortalecer a las diferentes fuerzas enfrentadas por el poder, pero generan también grandes polarizaciones y degradación de algunos sectores sociales, con la aplicación de sistemas radicales, dictatoriales, ilegales y antidemocráticos, que piensan imponer las decisiones por encima de la voluntad del pueblo, con la primacía de los intereses personales sobre los intereses colectivos, lo que deslegitimará el sonado proceso progresivamente.

La muestra más clara es que se han ignorado siempre a los verdaderos héroes del país, que aunque siempre han sido atropellados y lastimados como las más injustas víctimas del conflicto, por el simple hecho de ser trabajadores independientes o estar en el sector rural produciendo la comida, continúan haciendo patria, sin ser una carga para el estado, actuando en las condiciones más desfavorables, asumiendo todos los riesgos, acosados con impuestos, soportando la indiferencia del estado y de parte de la sociedad de altos estratos, que nunca han reconocido la importancia del pequeño trabajador independiente y del agricultor en el desarrollo del país y mucho menos se han dado a la tarea de valorar las innatas cualidades de estas personas, reflejadas en patriotismo, trabajo, honestidad, sencillez, tenacidad, perseverancia, humildad y buen ejemplo, mientras que por conveniencias se adulan a personajes y hasta delincuentes, disfrazados de héroes como Robín Hood, Superman, Batman, la mujer maravilla, la viuda negra, el hombre araña o Mickey Mouse, sin importar su pasado sus propósitos y la cruda realidad, corrupta y politiquera, pero conscientes de que tienen el alma negra y el corazón de villanos ocultados bajo la piel de oveja, dentro de la más descarada hipocresía.

Sin embargo, el pasado no está en juego, porque ya se jugó, con resultados que muchas veces no queremos recordar y la preocupación es el presente  como fundamento, para la construcción de un verdadero futuro donde nuestros hijos puedan existir en un ambiente de  paz sostenible, justicia, derechos, deberes, principios y valores para la formación de un  capital humano con dignidad social.

El problema radica en cómo formamos a nuestros hijos para que diferencien entre apoyar el mal y apoyar el bien, en un ambiente donde el gobierno da el mal ejemplo con politiquería, corrupción, mentira, generosidad con los delincuentes y represión a la gente de bien; mientras  los  potentados humillan, acosan, desprecian y explotan a sus trabajadores, presionándolos inmisericordemente con abusos consentidos  por las diversas necesidades, donde las personas vulnerables se acomodan al lado que más convenga, sin importar la influencia de sus procederes en la construcción de la futura sociedad.

Cómo explicarle a un niño que debe ser religioso y piadoso, cuando la semana santa la patrocina el traqueto del pueblo, como decirle que no mienta si su padre le recuerda ese principio pero cuando llega alguien a cobrarle una deuda le pide decir que no se encuentra, como decirle que actúe con equidad si ve como el rico explota continuamente al pobre y unos lo tienen todo y otros nada, como enseñarle a ser solidario y justo si cotidianamente observa como la gente pisotea los derechos de los demás, cómo enseñarle el trabajo digno si ve continuamente como la corrupción supera el honesto desempeño laboral, como enseñarle a ser persona de bien si ve que un guerrillero tiene más prebendas que un agricultor, como enseñarle a ser un buen gobernante si entiende que personas de bien y delincuentes tienen las mismas posibilidades de ser elegidos, como motivarlo en su liderazgo y gestión si ve que a diario se sacrifican líderes sociales.

Así las cosas la descomposición social es recurrente y el maquillado acuerdo se impondrá contra viento y marea, con algunas de las correcciones solicitadas por los autodenominados ganadores del NO, sin importar el clamor del pueblo y mucho menos de los agricultores que al igual que en el tratado de libre comercio con Estados Unidos, no fuimos invitados a participar en las negociaciones, seguiremos pagando los platos rotos de las pésimas negociaciones, mientras que los terratenientes y nuevos propietarios, encuentran una vía expedita para legalizar sus tierras, bien regular o mal habidas, con la refrendación del congreso, que volverá a pulsar sus fuerzas entre partidos políticos, para finalmente ponerse de acuerdo previa distribución de beneficios porcentuales por bancada.

Así las cosas la incertidumbre crece, porque con una justicia cuestionada y ahora más debilitada por la situación transicional, los reinsertados avanzarán hacia sus objetivos propuestos, Santos y Uribe equilibran sus fuerzas,  las zonas despejadas por las Farc estarán siendo tomadas por nuevos grupos al margen de la ley y se continua con el circulo vicioso, donde por épocas el narcotráfico simulará reducción para ganar mayor precio en el mercado, al igual que la minería ilegal y el comercio de la tierra, que seguirán alimentando el conflicto en otros escenarios.

Los agricultores y los pequeños empresarios somos los más interesados en la paz justa, estable y duradera, pero estamos seguros que el posconflicto no será viable sin equidad social, sin respeto por los productores, sin dignificación del trabajo, sin reducción de la pobreza, sin una seria política de estado para el desarrollo integral rural, sin igualdad y enfoque de género, sin el cumplimiento total de lo pactado para el campo.

Pues para ejemplo empezamos mal porque dentro de tantas promesas en: restitución a las víctimas, infraestructura vial, de riego, almacenamiento, transformación, eléctrica y de conectividad, en formalidad laboral y real acceso al crédito, en apoyo técnico y financiero, en salud, recreación, educación, vivienda, agua potable, subsidios, incentivos y estímulos, derecho a la buena alimentación, mercadeo, transformación regional, seguimiento, evaluación y mecanismos de participación, estamos crudos y para la muestra un botón ¡para el año 2.017 el presupuesto para el sector agropecuario fue el más recortado con mira a cumplir todo lo pactado!.

Lo anterior solo se quedará en el discurso porque como ya lo dije en los acuerdos se citaron varios sectores prevaleciendo las exigencias de las Farc y últimamente la influencia de Álvaro Uribe, pero  eso sí desconociendo los derechos de las víctimas en su mayoría humildes agricultores, que en el posconflicto tendrán que vérselas para acreditar su condición, mientras otros sin serlo recibirán los beneficios.

Adiós esperanzas de debatir en cabildos los puntos del acuerdo, esto ya está arreglado y gústenos o no nos guste se impondrá bajo la imposición desesperada y habida de protagonismo del gobierno, la satisfacción de las Farc la inclusión del poder de Álvaro Uribe y el desconocimiento del poder del pueblo, que en un artículo anterior titule el cuarto poder después, de los poderes enunciados y ahora estamos en peligro de perder esa casilla.

Es hora de abandonar ese ambiente virtual en que nos ha mantenido el gobierno para distraer a la opinión pública de los grandes problemas del país y empezar a analizar las reales situaciones, para en consenso afrontar las circunstancias que se nos avecinan y buscar para los problemas las mejores soluciones que nos convienen a todas las personas de bien en consolidación de una paz sólida y sostenible, sin perpetuar héroes que al evaluarlos justamente le han hecho más daño que beneficio a nuestro país.

"Sin agricultura no hay comida,  sin respeto y equidad jamás,  dignificaremos la vida, porque con hambre no hay paz".

Desgraciado el país que necesita héroes. Bertolt Brecht.  (Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien.Paul Brulat

Mensaje campesino
Cuándo miro mi campo productivo,
No entiendo la indiferencia del estado,
No encuentro la razón ni el motivo,
Por los cuales nos tiene abandonados.

Somos las víctimas más injustas del conflicto,
Pero seguiremos construyendo un buen país,
Para que la paz sostenible no sea un mito,
Y algún día la convivencia se feliz.

Los agricultores colombianos producimos la comida,
Y de la guerra no compartimos sus acciones jamás,
Somos cultivadores de amor felicidad y vida.

Esperando que el gobierno con prudencia sea capaz,
De darle al conflicto una sabía gran salida,
Para celebrar navidad y año nuevo en plena paz.
---
*Dirigente gremial.

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